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Marcelo Ramal: el hombre que miraba los trenes Destacados / Entrevistas

En un departamento de la calle Yerbal que da sobre la estación, a media cuadra de Plaza Flores, una madre deja a un niño frente a la ventana. En la secuencia tiene meses, uno, dos años. Está en su cuna, en el suelo o sentado en un almohadón. Pero siempre mira fijo, imperturbable, pasar el tren. Por horas. Lo mira como si no hubiera otra cosa en el mundo.

“Hoy todavía dicen que, cuando me cuelgo y me quedo mirando en el vacío, me abstraigo de todo. Es como antes, que me podía pasar horas así, contemplativo, viendo los trenes. Hasta creo tener fotos de chico donde estoy mirando, por la ventana, el tren que pasa por la Estación de Flores”.

El chico de la ventana es Marcelo Ramal.

***

Sábado 29 de julio de 2017. 10.26 de la mañana.

El auto avanza hacia Lugano, la primera parada de este sábado de campaña electoral rumbo a las PASO. Serán cuatro destinos, por la mañana, en el barrio: arranca en Escalada y Eva Perón.

Marcelo Ramal está en el asiento de atrás. Es precandidato a diputado nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).

Es, también, legislador porteño por el FIT-Partido Obrero desde el 4/12/2013.

Ese día, en la vereda de la Legislatura, en Perú 160, declamó:

“Si estamos acá celebrando esta conquista política también estamos haciendo un acto de denuncia, de lucha, de cuál va a ser nuestra agenda en esta bancada del Frente de Izquierda. Entramos a la Legislatura en medio de la franca descomposición política de los partidos que gobiernan y han gobernado el país. Frente a esa crisis emerge sólido, fuerte, nuestro Frente de Izquierda.

Juré por nuestro compañero Mariano Ferreyra.

Juré por los pibes de Cromañón.

Y hoy, todos ellos, van a estar presentes en la lucha de esta bancada”.

***

 

Sara, su mamá, era polaca.

Ella lo veía mirar los trenes desde la ventana.

Llegó a la Argentina a los 5 años con sus padres. El padre de ella, Isaías, había estado dos años trabajando en Buenos Aires para traer a su familia en vísperas de que el nazismo invadiera Polonia. Trabajó dos años comiendo dos bananas y un huevo por día para juntar la plata.

Isaías, el abuelo materno de Ramal

Berta, la abuela materna de Ramal, era rusa. Estudió odontología en Moscú y vivió los años de la revolución. Una vez le contó a su nieto Marcelo que había escuchado a León Trotsky en un mitín. Emigró a Polonia con Isaías en medio de la escalada antisemita ya bajo Iósif Stalin.

Sara llegó alrededor de 1936-1937.

—¿Quién es esa mujer del portarretratos?
—Esa es mi vieja.
—Parece una foto de cine, es preciosa.
—Decían que se parecía mucho a Marlene Dietrich.

Sara, la madre de Marcelo Ramal

Su mamá era una fanática de la música clásica: podía tararear una sinfonía entera.

La casa de Marcelo Ramal está entre Pompeya, Parque Patricios y Boedo.

Lo primero que aparece en su casa es Mora, un enorme y baboseador ovejero alemán. Tiene 8 años. Cada vez que la saca a pasear, un vecino espera a Ramal para hablarle.

“Es un hombre grande, medio escéptico, creo que me respeta y odia al mismo tiempo. Me dice: ‘Usted le da, le da, le da, le da, pero no va a llegar a nada’. Pero después dice: ‘Sígale dando’”.

—¿Cómo te llevás con Mora?
—Bien, soy su paseador, la paseo dos veces por día. La teníamos cuando vivíamos en Quilmes con Cecilia, mi compañera, y después la trajimos para acá. Pobre, antes tenía más espacio. Es un poco inquieta. Si la dejás sin correa se escapa. Arma mucho quilombo en la calle. Pero es más buena…

Ramal la acaricia. Mora pasa por delante de la biblioteca y se pierde en el patio. La biblioteca tiene libros de Fiódor Dostoievski (“era apasionado de Raskolnikov”); Henrik Ibsen; Federico García Lorca; Herman Hesse; George Bernard Shaw; las obras completas de Simone de Beauvoir; Conversaciones con Pablo Picasso, de Brassai; Historia Universal de la Infamia, de Borges; Vida y muerte de León Trotsky, de Víctor Serge. Su colección completa de En Defensa del Marxismo, revista editada por el Partido Obrero. Tomos de El Capital, de Karl Marx. Libros de economía política.

También una biografía, de Jean-Jacques Marie, sobre León Trotsky.

—No me pareció deslumbrante ni me quitó el sueño. Trae alguna documentación más actualizada.

La luz de la habitación, donde hay otra biblioteca, es tenue. Se le quemó una bombita y todavía no la pudo cambiar.

—Este libro (toma uno de la biblioteca) te va a interesar. Es un estudio sobre el macartismo en Hollywood que relata el desarrollo del Partido Comunista en el sindicato de guionistas y en el sindicato de actores. Es un libro espectacular.

—¿Y qué libro te quitó el sueño?
—Una novela de uno de los tipos más reaccionarios de América Latina: La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.

Marcelo Ramal, a los cuatro años, en Mar del Plata

***

—Si no es la batería es el alternador. Yo te hago el diagnóstico teórico pero no lo puedo arreglar…

El Volkswagen se ahoga. Tarda en salir de la segunda mesita de campaña, en el cruce de Guamini y Chilavert, Lugano.

En la jerga política se le dice mesita a la mesa de campaña en la esquina.

Ramal da el diagnóstico desde el asiento de atrás. Unos minutos antes se había bajado del auto para empujar al costado de la Coronel Martiniano Chilavert.

No hizo falta. Arrancó justo.

Hay humedad. Porteña humedad. Subió unos grados la temperatura.

—Mi barómetro dice que va a llover. Me refiero a mi rodilla izquierda.

Hace una pausa entre las oraciones.

Es el truco de su ironía, de la que todos hablan.

Tiene un humor particular. Pausado. Mordaz.

***

Marcelo Ramal, de bebé.

Su abuela Concepción, la madre de su papá, consideraba a San Martín un traidor a España.

Vivía en una antigua casa en la calle Corrientes llegando al Bajo, a media cuadra del Luna Park.

—Era española. Yo soy mitad español, mitad polaco-ruso de ascendencia judía. Concepción pagaba un alquiler congelado y le subalquilaba las piezas a gente sola, personas que eran muy bondadosas conmigo. Yo pasé una temporada en esa casa, cuando mis viejos se separaron. Los sábados a la noche, toda la casa -mi abuela e inquilinos- jugaba a la Lotería, conmigo incluido. Creo que allí escuché mis primeras discusiones políticas encarnizadas. Uno de los pensionistas, Pancho, era férreamente peronista, y se enfrentaba al gorilismo de mi abuela y de mis tíos abuelos, que vivían dos pisos más arriba. Pancho me llevaba a jugar todos los días a la pelota, a los potreros del puerto o a la Plaza Roma. Me aceptaron en la barra de pibes, volví distinto de esa temporada. Tal vez me dejaron plantada la semilla que germinó años más tarde, cuando otros pibes, más grandes, empezaron a sacudirle la estantería a la dictadura de Onganía.

Su viejo se llamaba Antonio.

—Era medio liberal, un tipo bastante escéptico en lo político. Liberal y antiperonista, aunque miraba con simpatía a los socialistas. Conocía a Discépolo y también a su mujer Tania. De chico conocí en mi casa a Lucio Demare, el autor de “Malena”. Al que también conocí por mi viejo es a Edmundo Rivero (cantor de tango), que había sido compañero de él y frecuentaban el ambiente del tango. Laburaba con mi papá cuando Rivero se fue a probar a la orquesta de Troilo.

—¿De qué laburaban?

—Eran bancarios. Trabajaban en el Banco Central: pobre Banco Central; aparte, porque según me contaba él, más de un día a la semana llegaba al banco a las 7 de la mañana sin dormir.

—¿Rivero?

—No, mi viejo. Según los relatos, Rivero era un tipo que antes de cantar se tomaba un vaso de leche caliente y después de cantar se iba a dormir. Un tipo que se cuidaba mucho.

Antonio, el padre de Ramal

—¿Y tu viejo?

—Mi viejo tuvo su época de bohemia muy fuerte, después se fue calmando. Murió en Brasil, se fue a vivir ahí cuando yo era poquito más que un adolescente. Tengo dos hermanas (Andrea y Silvina) que viven allá. También un hermano mayor, Jorge, de un matrimonio anterior de mi vieja. Mis dos hermanas tocan el piano, la guitarra; de pronto, si nos juntamos, hacemos música. Todo eso tiene que ver con mi viejo. Con ellas comparto otra de mis pasiones: la música de Brasil, en especial, la de Tom Jobim -el ‘Piazzolla de allá’-, Caetano Veloso y Chico Buarque.

—¿Sos el mayor de los hermanos?

—No, de mis viejos fui hijo único; en realidad tuvieron un hermanito menor que falleció cuando yo era muy chico; yo tendría 4 años y él murió a los 2. Tenía leucemia, en una época en la cual seguramente era imposible de tratar.

—¿Tenés recuerdos de eso?

—No, hace poco recuperé fotos de la familia y encontré algunas de él. Creo que marcó sobre todo a mi viejo. Tal vez a mi mamá también, un alejamiento de la religión. Tuve entonces, en mi casa, una cosa muy laica, casi antirreligiosa, que eso sí me quedó de siempre.

                                                                                                           ***

Caminando por Lugano 1 y 2.

Ramal tiene un paso particular. Simpático. Camina a lo Chaplin.

Tiene camisa blanca, jeans, zapatillas deportivas negras, con bordes de verde fosforescente.

Se detiene en un puesto en la calle.

—Mis compañeros dicen que uso camperas anticuadas. Me están rompiendo desde que empezó la campaña para que me compre una.

—¿Camperas como para usted?- dice el vendedor.

Ramal busca entre el montón. Ve una negra. Moderna. Está canchera.

—¿Esta cuánto está?
—600
—Ahora vuelvo (dice y camina unos pasos). Le voy a preguntar a Vanina porque después compro una y me dicen que está mal.

SelFIT en Lugano, con Vanina Biasi y Ramal

Vanina Biasi, candidata a Diputada Nacional por el FIT en CABA, militante del PO y referente del Plenario de Trabajadoras:

“Marcelo es un cuadro con características muy destacadas.Tiene la capacidad de concentrar ideas y expresarlas de una manera pedagógica, mezclando su trabajo como docente universitario. El oficio de la docencia, aplicado a la política, es un arte. A veces parece acartonado, pero tiene una gran capacidad humorística, ácida, que en su rol de docente universitario, de ‘señor serio que expresa cosas de economía’, no se nota tanto. Es una gran persona. Es la síntesis entre lo profesional y lo político. Pedagógico para estar en un aula y pedagógico para la política”.

                                                                                                     ***

Fue un desgarramiento.

Marcelo Ramal nació el 13 de octubre de 1954. Fue a la escuela primaria “Domingo Faustino Sarmiento” hasta cuarto grado, cuando se pasó a la “Escuela Argentina Modelo”. Al entrar tenía de docente al maestro Borrat. Un tipo duro, a lo Humphrey Bogart. Sus padres no eran “gente de plata”, pero tenían la ilusión del ascenso social. Por eso enviaron a su hijo a un colegio donde se iban a formar los futuros líderes del establishment. De hecho, uno de sus compañeros de secundaria fue Federico Pinedo, actual presidente Provisional del Senado y referente del PRO.

Ramal rompió con ese destino.

—Fui criado y educado para otra cosa. Esa ruptura, ese quiebre con el camino trazado por mis viejos, fue un desgarramiento, un conflicto adentro de mí que no fue indoloro. Un conflicto nodal que tiene que ver con quien soy. Fuimos varias ‘ovejas negras’ en el colegio, marcados por la temperatura de la época, con algunos que llegaron a militar en Montoneros.

Antonio y Sara, los padres de Ramal

Un camino, el suyo, que Ramal empezó a forjar de pibe. No paraba de leer. Febrilmente.

Llegó a formar un club de Edgar Allan Poe.

—Descubrí la literatura con Poe; una vez fui a la biblioteca, recogí un libro de él y empecé a leer. Eso se conjugó con otro que había en la biblioteca de mi casa, que le había regalado en algún momento mi viejo a mi vieja, con una dedicatoria, que eran las obras completas. Me volví un fanático y tenía un amigo, Teodoro, que hoy es músico y docente en el IUNA, con quien formamos una especie de club donde lo leíamos y comentábamos hasta el cansancio. Hasta tratábamos de escribir imitándolo. Más que club era una sociedad secreta de dos unida en la veneración de Poe y su obra.

Teodoro Pedro Cromberg (compañero de primaria y secundaria):

“A los 10 u 11 años diría que él me “presentó” a Poe. Para mí fue un antes y un después. Escribimos a los 11 años una ‘novela’ policial que se llamaba ‘La terna del crimen perfecto’. Teníamos un gran amor y admiración por Poe. Te cuento algo de la secundaria. Él tenía intereses intelectuales muy fuertes, particularmente sociales y políticos. Me acuerdo haber pensado: “¿Cómo hace para preocuparse de algo que no sean las minas?”. Le preocupaba la política ya a los 16. Desde chico siempre fue muy inteligente e independiente. Y con mucho sentido del humor.

En primer año él se sentaba en el fondo y la profesora de matemática venía siempre dormida. Un día contestó al saludo de ella (‘buenos días, alumnos – buenos días, señorita’) con un “se lavó la cara, señorita”, confiando en que no lo iba a oír. Pero lo oyó (parece que escuchaba bien) y lo sancionó.

Hicimos una composición instrumental que se llamaba ‘Tangacho’, tomando como referencia a Piazzolla. Él tenía una canción que terminaba: ‘…pero decime, amigo, si es que vamos a morir, noqueados por fantasmas, bajo la Torre de los Ingleses’”.

***

El auto se dirige por la avenida General Fernández de la Cruz hacia el próximo destino, la Villa 20. Marcelo Ramal ve unas construcciones al costado de la avenida.

—Acá están haciendo las viviendas de lo que fue el barrio Papa Francisco. Sin la toma de 2014 ni la feroz lucha que dimos contra el desalojo nunca hubieran estado. Estamos alertas porque la urbanización no son solo esas viviendas sino toda la villa, lo que está atrás. Tenemos el serio temor de que lo único que hagan sean aquellas como fachada y el resto de la villa la dejen como está. ¿Por qué fachada? Porque ahí están haciendo la Villa Olímpica para los Preolímpicos del año que viene. La gran pelea es que esto no sea una escenografía para tapar la villa.

Ramal camina por la feria de la 20. Unas mujeres le piden una selfie.

Es flaco. Alto. Ojos celestes. Un poco encorvado. Camina. Mira el celular. Todo el tiempo. Camina mirando el celular. Lee tuits, recibe llamadas, revisa comunicados.

Por momentos ve la pantalla con dos anteojos puestos a la vez.

Ahora está intentando resolver algo, revisando un texto sobre Mauricio Macri en La Rural, organizando un debate político para mañana, recorriendo acá. Todo a la vez.

Se cuelga ahí. Se concentra ahí. Está preocupado.

El detalle lo obsesiona.

No tiene los gestos del candidato por antonomasia.

Cuentan que, en recorridas, Marcelo de repente se pierde, quizás se pone a atender un llamado telefónico, nunca se sabe bien dónde está.

Marcelo Ramal, en el subte porteño (Javier Entrerriano)

Y acá en Lugano: Marcelo, una foto, una foto. Él va, claro.

Pero no hay pose. Como si no registrara las leyes del marketing político.

Por acá no pasó Durán Barba.

Es más bien un anticandidato.

A Ramal lo respetan por su lucha, por su militancia, por sus denuncias.

Dirá, minutos después, caminando por la 20:

“Cuatro de cada 10 familias alquila; es el resultado de la crisis de vivienda en la Ciudad. Acá hay gente que se vino a vivir porque ya no podía pagar un alquiler. En la toma del barrio Papa Francisco los inquilinos se cayeron de la villa, que rebalsaba y tuvieron que ocupar esas tierras; y también se cayeron porque muchas familias perdieron las changas y los ingresos y ya no podían pagar ni el alquiler de la villa. Mientras Macri daba la sesión inaugural en la Legislatura, el 1 de marzo de 2014, nos avisan que querían desalojar el barrio. Vinimos con otros dos legisladores y, con el apoyo de los vecinos, evitamos el desalojo”.

En el Debate Intratables de candidatos a legislador, del cual resultó ganador el 27 de marzo de 2015, Ramal apuntó: “Ustedes sigan discutiendo, creyendo que van a resolver el tema de la inseguridad agregando efectivos. No se dan cuenta que el narcotráfico, en las villas, progresa en las narices de la Prefectura, de la Gendarmería, de la Policía Metropolitana. Pero, además, ese dinero que se gana corrompiendo a la juventud, envenenándola con la droga, después se deriva para lavarlo en los casinos de Cristóbal López, a quienes ustedes, el PRO y los K, han eximido de impuestos. Ustedes son cómplices del delito organizado”.

***

Marcelo Ramal tiene 14 años.

Va con su curso de la Escuela Modelo a la vieja Biblioteca Nacional, en la calle México 564, a una entrevista de Jorge Luis Borges con los alumnos.

Llega su turno de preguntar, a él, que ya había leído febrilmente al autor de El Aleph.

—¿Por qué la mujer en la obra suya tiene un lugar tan subordinado y a veces inexistente?

Silencio.

Borges, amparado en su ceguera, hace un paneo con la cabeza. Y responde:

—¿Cuál es la siguiente pregunta?

“Me ignoró olímpicamente. Con el tiempo, ese episodio a veces se lo reproché a él y otras a mí porque me dije: ‘¿Por qué tenía que ir a decirle semejante insolencia?’. Uno dice: ‘Reprochable lo de él’ y, sin embargo, a veces me lo reprocho a mí. En el fondo quería romperle las pelotas a Borges. Por eso hay que reprochárselo a él ya que la juventud rompe las pelotas y tiene que romper las pelotas”.

Marcelo Ramal, en su adolescencia

                                                                                                        ***

Noche. Cuatro días antes de este sábado. Ahora está en el programa del 25 de julio. Tema caliente entre los panelistas: la expulsión de Julio de Vido del Congreso.

“Acá se va a votar que un grupo de diputados lo condena por indignidad. Esto implica, para los que lo separan, una chapa de ‘certificado de dignidad’ para ellos. ¿Quiénes son los que lo van a separar? Los mismos que están sospechados del Panamá Papers, de Odebrecht; el Frente de Izquierda no puede darle el certificado de dignidad a estos diputados. Si hay un plan salvataje es el de la justicia que no lo juzga y de los diputados que no le hacen juicio político a los jueces.

El Partido Obrero fue, es y será el mayor enemigo de Julio De Vido: cuando Macri y Calcaterra eran socios con De Vido, el Partido Obrero pagaba con la vida de un militante, de Mariano Ferreyra, los negocios de De Vido con la tercerización y la corruptela del Ferrocarril; nosotros, con De Vido, tenemos un abismo de sangre que solo se puede comparar con los que tienen los familiares de las víctimas de Once. Por ese abismo es que queremos justicia real y no una ficción”.

Ramal, debatiendo en el programa Intratables

 

—¿Cómo te definís como militante?
—Soy obsesivo, no demasiado planificador. Hay que estar siempre dispuesto a hacer lo que te toque en suerte hacer y no quitarle el cuerpo a las cosas.

—¿Cuándo te pasó que dijiste “la militancia es mi opción de vida”?
—Ese momento se va afirmando como una convicción política. Se dan determinados saltos en ese compromiso. Uno fue cuando, saliendo del servicio militar, me dije: “Bueno, ¿seguimos militando en plena dictadura? Y sí, seguimos militando”.

—¿También lo fue tu trabajo como asesor parlamentario (entre 2000 y 2003) con Jorge Altamira?
—Fue una etapa de enorme aprendizaje político. Hoy, en una radio a la mañana, discutíamos este tema de De Vido y yo recordaba cuando Jorge se opuso a la expulsión de Elena Cruz de la Legislatura. Eso fue una escuela política respecto del debate que se da ahora.

—¿Te formaron para tu etapa actual como legislador?
—Sí, aparte ese período de la banca de Jorge fue el período del Argentinazo. Participamos de luchas enormes. Nosotros, en los temas de vivienda, en salud, nos convertimos en una referencia política. También con el proyecto de la jornada de 6 horas en el subte. Fue un período extraordinario.

Jorge Altamira, Néstor Pitrola y Ramal, referentes del Partido Obrero

***

Ramal toca la guitarra desde los 13 o 14 años. Tenía un grupo de rock en esa época — la banda no llegó a tener nombre— en la cual se puso a estudiar. Después comenzó a tocar de oído. Le gusta tocar tango, música brasilera, jazz.

Dice que tiene la colección en discos de vinilo, de música brasilera, más grande del país.

—Yo podría contestar, si existiera Odol Preguntas, sobre la música de Brasil entre 1950 y 1990. Compraba discos cuando iba a visitar a mi viejo. La poesía de Chico Buarque no tiene comparación. Como el poema de ‘Construcción’ –Ramal de repente se pone a recitar en voz alta-: ‘Amó aquella vez como si fuesa la última / besó a su mujer como si fuese la última”.

Dice que se puede quedar escuchando una hora a Manal. También a Luis Alberto Spinetta. Sobre todo el disco Artaud. O Billy Bond. En los setenta iba a verlos en los B.A. Rock.

Y el tango. Troilo. Manzi. Discépolo. Cadícamo. Cobián.

Y Piazzolla, sobre todo Astor Piazzolla.

—¿Qué canción te toca más de él?

— “La última grela”. Con ese tango tengo un pequeño recuerdo con una persona con la cual tejí una relación muy cálida en la Legislatura: la Tana Rinaldi. Ella coincidió conmigo un par de años y durante mucho tiempo no tuvimos relación porque políticamente existía una distancia. Una vez, en un debate, yo hablé fuertemente del tema de las 3A y ella me aplaudió, sola, muy fuerte, y después me dijo: “Tuviste la valentía de traer a este debate la cuestión de las 3A; yo me fui del país por las 3A”. A partir de ahí se rompió el hielo y yo le confesé mi gusto por la música, por el tango. Una vez surgió esto de “La última grela” y ella, desde su banca de legisladora, de pronto fue como si se agigantara y cantó “Despedirán su hastío, tu tos, su melodrama, las pálidas rubiolas de un cuento de Tuñón (Ramal canta en el auto)”. Yo me quedé helado. Los demás miraron.

Susana Rinaldi, cantante de tango, actriz y ex legisladora del Frente Progresista y Popular

“Una de las razones que justificaron mi entrada a la Legislatura fue haber conocido a Marcelo Ramal.

Ramal fue un verdadero compañero. De pronto, no representando las mismas circunstancias ni las mismas preparaciones que nos llevaron a coincidir en la Legislatura, él resultó un amigo de siempre. Yo diría mejor: un compañero de siempre. Poco a poco fuimos simpatizando y defendiendo causas por igual aunque aparentemente no tuviéramos nada que ver.

Eso habla bien de las dos personas que intervienen en esa tarea. Porque habla de un respeto por el otro que, se supone, absolutamente necesario en ese recinto. Y muy pocas veces se da. Hoy, al ver toda la publicidad alrededor de él, lo escucho en sus ponencias en la televisión, y me hace pensar que, a pesar de no vernos todos los días, es como si conversáramos a través de los espacios donde nos encontramos, con el mismo razonamiento y la misma tendencia a unificar la necesidad que, en definitiva, nos use, que es la de trabajar por el otro como para nosotros mismos.

Lo considero un maestro. Es la buena palabra que uso para señalar a quienes, sin saberlo, me han enseñado tanto. Escuchar las exposiciones que hacía Marcelo ante cada caso, pidiendo la palabra, justificaba que haya sido votado por ciudadanos que saben que están bien respaldados desde su persona. Ojalá haya pasado lo mismo con mi participación durante cuatro años.

Él tiene una forma de ejercer la amistad desde alguien que, sin conocerlo, vos tildás de maestro: la claridad del lenguaje, su forma de hablar y, sobre todo, la convicción sobre lo que está diciendo que no te permite sospechar de ningún modo que esté hablando de una cosa y realizando otra, que a veces pasa en esos recintos.

Me parece justo lo que digo sobre Marcelo porque yo defino la figura de él como se debe”.

***

—La barrabrava te va a agarrar solo y te va a romper todo.

El legislador del PRO, Roberto Quattromano, está parado al lado de la banca de Ramal. Es la medianoche del jueves 11 de diciembre de 2014.

El micrófono capta la amenaza. La barrabrava te va a agarrar y te va a romper todo.

Segundos antes, Ramal denunciaba, en su intervención, el negociado en relación a la concesión privada del Golf de Lugano: “Quiero expresar mi repudio por el asistencialismo inmobiliario, tengan el coraje de votar concesiones leoninas a grupos empresarios…”.

Se corta el sonido.

Quattromano, que le venía gritando, sale de su banca, cruza todo el recinto, se para al lado de Ramal.

—Diputado Quattromano, le pido por favor que vaya a su banca así continúa el diputado Ramal -pide el presidente de la Cámara.

Pero Quattromano sigue ahí.

Y larga la amenaza.

—Acabo de ser amenazado por el diputado Quattromano. Esto es una vergüenza. ¡Ustedes entregan tierras públicas y concesiones privadas de la mano de las barrabravas! ¡Las barras de los clubes de fútbol que manejan los trapitos que ustedes quieren prohibir. ¡Vergüenza!

Facundo Lahitte, asesor de Ramal en la Legislatura:

“Se trataba la reconcesión del Parque de las Victorias, por 20 años más, a una empresa que lo tiene como golf en Lugano mientras no hay lugares para vivir y los colegios están en decadencia. Y se le buscaba dar una cobertura social en tanto los chicos del barrio, que no tienen ni para comer, iban a poder acceder al parque y tomar clases de golf. Era insultante. Ante la intervención de Marcelo, este puntero del PRO y legislador se violentó. Marcelo denunció la amenaza de Quattromano y se armó flor de escándalo. Terminamos en la comisaría. Cuando se armó bajaron Jula y Yane, que somos los del equipo, y fue gracioso porque éramos su ‘guardia’, el equipo de defensa de Marcelo: dos pibas y un pibe todo flaco frente a unos monos patoteros. Pero nos plantamos”.

En 2003 y 2007, Ramal fue candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad por el PO. Su biografía relata que “en febrero de 2003, defendiendo a los vecinos del Padelai, fue detenido en el curso del brutal desalojo pergueñado por los gobiernos de Ibarra y Duhalde”. Que en 2004 participó en la lucha de los familiares de Cromañón. Que en 2011 encabezó la lista de legisladores porteños por el FIT. Que en 2013 fue electo legislador de la Ciudad con el 4,96% de los votos. Y reelecto en 2015 con el 4,76%.

Su biografía, entre otros puntos, agrega:

Es el coautor de la ley 5466, de creación de al menos un centro integral de la Mujer por comuna con atención las 24 horas para las mujeres que sufren violencia de género. Ramal denuncia que desde el Gobierno porteño se niegan a ponerlos en funcionamiento.

En la Legislatura, con el cartel de “NiUnaMenos”

Un proyecto de emergencia energética frente a la crisis de apagones de diciembre de 2013.

Frente a la crisis de las vacantes en las escuelas, reclamó al oficialismo de la Ciudad la convocatoria a una sesión extraordinaria, que finalmente se realizó en febrero de 2014.

Un proyecto para que las enfermeras de la Ciudad trabajen 6 horas por insalubridad con un salario igual a la canasta familiar.

Paró el aumento de la grúa a través de una acción judicial en enero de 2015.

Reclamó la interpelación del ministro de desarrollo Económico, Francisco Cabrera, por el caso Iron Mountain.

***

Ramal se incorporó a la política desde el peronismo de izquierda, en grupos que venían del Partido Comunista y donde se mezclaban lecturas de la izquierda nacional, como Juan José Hernández Arregui, con textos de Vladimir Lenin y Mao Tse Tung. Eran sus primeras lecturas políticas, a los 14 o 15 años. Era la época de los militares, de Juan Carlos Onganía y luego la transición con Roberto Levingston.

—Fue mi primer acercamiento a la militancia que hacía en condiciones difíciles. Las movilizaciones, en esa época, eran actos relámpagos, apoyos a conflictos fabriles en medio de represiones. Entré a la facultad en 1973 en el pleno camporismo. La masacre de Ezeiza me hizo un click en relación a Perón. Me di cuenta claramente a qué venía Perón cuando discutí, ya en la facultad, con la gente de Política Obrera (antecesor del PO); me hicieron ver que Perón, efectivamente, no venía liderar ningún proceso revolucionario, sino a frenar ese ascenso enorme, obrero, juvenil que se había gestado desde el Cordobazo. Esa caracterización, al tiempo que me hizo romper con el peronismo, me acercó a Política Obrera. Ahí empecé a militar ya fuerte en 1973-74. Aunque era un muchacho —tenía 18-19 años— era un puntal de nuestra agrupación que era la TERS ahí en Económicas.

Ramal, en su juventud

—¿Cómo llegás a la economía?
—Estudié economía movido por la política. Me dije: “¿Qué puedo estudiar para entender la realidad y transformarla?”. En ese plano fue bastante frustrante, porque la mayor parte de las cosas que estudié de economía, de las cosas que me interesaban, como economía marxista, las tuve que estudiar afuera de la facultad. Imaginate que yo entré a la facultad en el 73, y viví el 73 y 74, una época muy fogosa, de mucha militancia, y después vino el Golpe. La facultad, entonces, fue aniquilada en todo lo que fuera ya no un pensamiento marxista, sino diverso en cuanto a escuelas económicas.

—¿Cómo te encontró políticamente el Golpe?
—Cuando se produce yo hacía dos días que había salido de la colimba, que la hice en 1975. Salí con mis convicciones militantes, solo que bajo la colimba no podías militar, no había condiciones. Al salir, cuando prácticamente me reintegraba a la militancia, se produce el Golpe. Entonces ya me reintegro a una militancia clandestina.

—¿En Política Obrera?
—Si. Retomo a una militancia ya en las condiciones de la dictadura, con una ventaja: en el año de la colimba, como no había militado, seguí dando materias, lo cual fue una suerte de blanqueo, en relación a la delación y al escrache de los buchones de la facultad (había elementos, gente en la facultad que estaba anotada como no docente, pero que en realidad cumplía un papel de delación de los activistas). Se habían olvidado de mí. Entonces reunía las condiciones ideales para volver a militar en la facultad en la clandestinidad y en circunstancias en que la mayoría de mis compañeros tuvo que dejar porque si entraban los secuestraban. Vuelvo a la facultad y el Partido me da una responsabilidad importante porque era el tipo que podía entrar y salir, pasar materiales, tener alguna actividad política. Tuve un papel activo.

Ramal integró la comisión directiva del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, que funcionó en la clandestinidad bajo la dictadura militar. Cuando dejó la facultad, colaboró con la célula de familiares de detenidos y desaparecidos de PO. Fue redactor y difusor del boletín Libertades Democráticas, que se repartía durante el genocidio.

Durante la dictadura, Marcelo Ramal era Marcelo Peralta.

***

Parque Las Heras.

Cuatro de la tarde.

Está llegando tarde.

—Es ahí, es ahí.

Ramal maneja ahora su auto. Viene por Jerónimo Salguero. Luego agarra Las Heras, luego José Andrés Pacheco de Melo.

Estaciona. Está invitado a una actividad contra la tala de árboles en el Parque.

Y quiere llegar.

Actividad en Parque Las Heras

En el Parque hay unos pibes jugando al fútbol. Ramal dirá unos minutos antes, en el auto:

—Yo jugaba más bien de wing derecho, nunca fui muy bueno jugando al fútbol, pero me gustaba. Mi última etapa futbolística fue con mis alumnos de la Universidad de Quilmes; yo daba clases hasta las 10 y media de la noche y ellos se iban a jugar después de clase. Un día me invitaron. A la clase siguiente llevé zapatillas y short. Desde ahí empecé a ir y jugaba con ellos por lo menos una vez por semana. Eran partidos raros porque veía que la pelota me llegaba a mí y tenía total libertad para jugar y nadie me venía a marcar: parecían los partidos de Básquet de Fidel Castro.

Uno de esos partidos marcó el retiro del fútbol de Marcelo Ramal.

—Estaba en la punta izquierda, me mandaron un pase cruzado y me mandé un pique terrible para llegar a la pelota. Llegué sobre el borde de la raya y mandé un puntazo de zurda solo con la pretensión de pegarle a la pelota. Por una de esas casualidades fue al ángulo. Fue mi último gol porque en el momento en que la veo ir al ángulo siento un tirón como si me clavaran una puñalada en el muslo izquierdo. Ese fue mi retiro de las canchas, no anunciado, sin homenajes.

—¿Hace cuántos años das clases?
—Unos 25 años. Empecé en Ciencias Sociales, luego en Económicas y después en Quilmes.

—¿Cómo es el vínculo con tus alumnos?
—Hay una simbiosis entre la docencia y la política. Se te mezclan las dos cosas y de pronto, cuando estás en una charla, hablás como si estuvieras en una clase y cuando estás en una clase te enchufás como si estuvieras dando una charla política. En el caso de la docencia eso te sirve mucho para bajar la pelota y no tener una actitud académica, formal, pedante. Trato de ser sencillo.

—¿Unís tus inquietudes artísticas con una materia como Economía que se piensa como más fría?
—Sí, mezclo cualquier cosa. Puedo decir cosas como que un autor es a otro como Ricardo Arjona es a Joaquín Sabina. No soy muy formal dando clase.

En diciembre de 2001, en medio del Argentinazo, Ramal fue despedido de la Universidad de Quilmes. Dos años después, docentes y estudiantes de esa Universidad reclamaron la renuncia de las autoridades que lo habían despedido. Ramal, que fue reincorporado, pudo entonces concursar su cargo. Actualmente está de licencia mientras se desempeña como legislador porteño.

***

Finales de 1983.

Actividad para convocar a un acto en solidaridad con la revolución nicaragüense. Ramal y sus compañeros están haciendo una pintada en la calle Corrientes y Rodríguez Peña.

De pronto ven un tipo parado detrás suyo.

Miran para arriba: un gigantón.

Enorme.

Barbudo.

Es Cortázar.

“Entonces, claro, nos saludamos y le contamos que íbamos a hacer un acto en solidaridad con Nicaragua. Él estaba muy allegado a la revolución nicaragüense. Nos dejó una adhesión firmada de puño y letra que leímos en el acto que hicimos en Plaza Once. Creo que me tocó leerla”.

***

Es de noche, 33 años después, en la calle Corrientes. Ramal camina hacia Callao. Camina a lo Ramal. Otra vez va con el celular y los dos anteojos puestos.

En la esquina de Montevideo y Corrientes una bici casi lo atropella.

Viene de una recorrida con Myriam Bregman, candidata a primera legisladora porteña por el Frente de Izquierda. Junto a la militancia de ambos partidos —el PO y el PTS, que integran el FIT junto a Izquierda Socialista y, en estas elecciones, con Poder Popular— hicieron un road trip trosko con dirección hacia la 9 de julio.

La selFIT, en Callao y Corrientes

Se sacaron selfies.

La selFIT.

Atrás quedaron tensos meses de discusión política para acordar una lista de unidad.

Terminaron todos en la barra de Güerrin.

Patricio del Corro, Myriam Bregman, Marcelo Ramal y Gabriel Solano, candidatos del Frente de Izquierda en la Ciudad (Javier Entrerriano)

Ramal está ahora en el café del Bauen. Faltan minutos para las 20. Se prende el grabador por última vez, aunque no terminará acá la entrevista: en la semana, concentrado en su historia, acordándose de partes, enviará mails como el titulado: “Mi otra abuela, Concepción (importante)”.

—¿Qué cosas te joden, te rompen las pelotas?
—¿Qué me rompe las bolas? Me rompe las bolas la gente presuntuosa, pedante, Macri. Podría darte una lista de legisladores que me rompen las bolas, pero dejémoslo ahí (risas).

Marcelo Ramal y otra de sus pasiones: Argentinos Juniors (Paula Acero)

—Estamos desde las 10 de la mañana y hay un tema que no tocamos: Argentinos Juniors.
—Argentinos Juniors, ¿qué te puedo decir? Cuando tenía 5 años, mi viejo decidió que teníamos que ir a la cancha los domingos. Entonces vivíamos equidistantes de la cancha de Ferro y de la de Argentinos porque estábamos en Flores. Por alguna razón misteriosa, pero por suerte, decidimos hacernos de Argentinos. Mi viejo era de Boca, pero no muy entusiasta. Él se hizo de Argentinos y, naturalmente, yo también. Íbamos todos los domingos a la cancha. Y desde ahí fue una cosa de siempre. Por suerte fui de Argentinos porque pude verlo jugar a Diego, a Borghi, a Redondo, a Cambiasso. Vi jugar a los mejores jugadores de la Argentina siendo del Bicho.

—¿Ibas a la cancha cuando jugaba Diego?
—Sí. Lo vi hacer cosas increíbles con diez flacos que se la rebuscaban como podían. Era impresionante. Llegaba a la cancha media hora antes del partido, se bajaba con los botines en la mano, entraba al vestuario y se cambiaba. Hay partidos que Argentinos le ganó a Boca, a otros equipos grandes, jugando él solo, una cosa heroica. Pero Argentinos tuvo enormes jugadores como Borghi. Inclusive el equipo de 2010: Ortigoza, Mercier, el Checho Batista, Fernando Redondo, una cosa de locos. Y estoy muy contento con el equipo de ahora, el que ascendió, porque es un equipo de pibes que toca, toca, toca, hace girar la pelota. Me encanta como juega.

—Te gusta el “fútbol champagne”…
—Sí, me gusta el fútbol bien jugado, sufría… Me dijiste ‘las cosas que me rompen las bolas’, te agrego una: que Argentinos juegue al pelotazo, eso no lo puedo soportar.

—¿Más que Macri?
—Casi, te digo que no sé si Macri o que Argentinos juegue al pelotazo.

—¿Seguís yendo a la cancha?
—Voy cuando puedo. Es un punto de encuentro con mis hijos, Pablo, Fernando y Agustín, tres tipos enormes. A veces se hace difícil porque ahora se juega un lunes, un miércoles, un sábado. Estoy contento porque es un equipo que juega como es nuestra tradición.

Selfie de Ramal con sus hijos Fernando, Agustín y Pablo

—¿Cómo es Marcelo Ramal en la cancha como hincha?
—Soy tranquilo, no me gusta que puteen y que griten. Veo el partido, celebro, pero pienso en el tipo que está ahí que no merece que nadie lo putee, ni siquiera el del otro equipo, tampoco. Y con mis hijos trato, en ese sentido, de decirles: “No, viejo, no vinimos a eso, vinimos a ver un partido de fútbol”. Aparte, una de las cosas que me resulta intolerable es la violencia en el fútbol, las barras, la violencia de los dirigentes de los clubes y los punteros políticos ligados a los barras.

***

20 de octubre de 2013. Acto a tres años del crimen de Mariano Ferreyra, asesinado por una patota de la Unión Ferroviaria (UF), como resultado de un entrelazamiento entre el gobierno kirchnerista, la UF, barrabravas y las fuerzas represivas de la Policía Federal.

En la foto, en primer plano, están Marcelo Ramal y Gabriel Solano.

Están abrazados. Llorando. Ramal toma a Solano con los dos brazos.

Se le ven las venas en sus dos brazos.

Aprieta la boca.

El dolor le aparece en la frente.

En los ojos.

Marcelo Ramal y Gabriel Solano, en el tercer aniversario del crimen de Mariano Ferreyra (Crédito: Fede Imas)

—Para muchísimos compañeros y, creo que también para mí, el crimen de Mariano Ferreyra fue un punto de inflexión, un antes y un después. Los de la vieja generación ya teníamos fronteras de sangre con el Estado y con el sistema por nuestros compañeros desaparecidos, por los secuestrados por las 3A como Jorge Fischer y Miguel Bufano. Pero esto replanteó esa frontera. Para los más viejos volvió a colocar este problema de un abismo entre un Estado, que puede llegar a matar en defensa de sus intereses, y nosotros que luchamos contra él. Y en los más jóvenes lo instaló como algo que existía, algo histórico, hipotético, pero que se volvió carne.

Gabriel Solano, precandidato a Legislador Porteño del Frente de Izquierda:

“Marcelo es un capo, capo, capo. El trabajo en la Legislatura de él ha sido el trabajo parlamentario de los más interesantes del Partido Obrero por una enorme calidad política en las intervenciones en el propio recinto y porque la gente le reconoce un compromiso hasta en los detalles.

Es un cuadro político socialista, comprometido hasta el final en las cuestiones populares de la Ciudad. Si esto se pudiera hacer en el Congreso sería un gran salto para el Partido y, aparte, es un dirigente en todo terreno: de organismo de dirección, de sacar el periódico, las revistas teóricas. Cuando uno combina tantas cualidades significa que se está frente a una persona extraordinaria.

Es una persona peculiar, y aunque todos los somos, él es más peculiar que otros. Muchos dicen que es colgado y en realidad lo que se le asigna como colgado te lo podría presentar de otro modo; se concentra en algo y por no puede prestarle atención a otras cosas. Me llevo muy bien. Estamos todo el día juntos. ¡Estoy más con él que con mi mujer y mi hijo!”.

***

—Muchos dicen, entre risas, que sos colgado, ¿Vos también te ves así?
—Sí, es lo que te decía, cuando era chico me quedaba mirando horas el tren en la estación de Flores. Soy terriblemente colgado. No lo soy cuando voy a la televisión, ahí estoy atento. Pero puedo hacer una cosa y después no acordarme. De pronto pienso algo, un problema, una preocupación, algo que tengo que resolver y me abstraigo y no me sacás de ahí. Hasta que vuelvo como si nunca me hubiera ido.

Ramal, en un tramo de la entrevista con Revista El Otro, en el bar La Academia

—¿Viste la película Manhattan de Woody Allen?
—Sí.

—Hay una escena donde Woody Allen está recostado en un sillón y empieza a grabar razones para estar vivo. ¿Cuáles son las tuyas?

—No me gusta mucho la escena porque forma parte de esa cosa crónicamente escéptica de Woody Allen que tiene que buscar razones para estar vivo. Hay una canción de Joaquín Sabina que retoma esa tradición cuando dice: “más de cien motivos para no rasgarse las venas”. Lo pienso más bien al revés. No tengo un solo motivo para dejar de estar vivo. Creo que todo lo que se vive, todo lo que tiene que ver con esta lucha, es apasionante.

—¿Y qué cosas te inspiran dentro de esa visión?
—Bueno, la lucha política, la vida con mi compañera Cecilia, mis hijos, muchísimas cosas.

Ramal y su compañera Cecilia

—Hablás de tu compañera, ¿cómo te llevás con el amor? ¿Había un Marcelo Ramal galán de joven?
—Como decía el poema de Antonio Machado: “Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido, ya conocéis mi torpe aliño indumentario”. Mi torpe aliño indumentario ya fue motivo de que hoy tuviéramos que comprarnos una campera en Lugano. Pero bueno, me tocó lo que me tocó vivir. Mi compañera es una persona inteligente y de una enorme sensibilidad.

—¿Cómo se conocieron?
—Ella, desde Tucumán, vino acá a estudiar a Buenos Aires y teníamos una vinculación por el lado de la militancia. Comenzamos a salir y ella terminó viniéndose a vivir acá.

—Más temprano contabas que en la adolescencia escribías cuentos, canciones, ¿también poemas?
—Me animé a escribir poesía de joven. Ahora despunto mi vocación literaria en Prensa Obrera. Leí poesía, a los españoles, a toda la generación de Federico García Lorca, de Rafael Alberti. También me apasionó en una época la historia de Boedo y Florida.

—La grieta…
—Sí, la grieta: los que escribían bien y pensaban mal, y los que escribían mal y pensaban bien.

—¿De qué lado estabas?
—Fue una crisis personal enorme siempre. Te diría que estaba del lado de los que escribían mal, pero pensaban bien. Debe haber sido por eso que le quise joder la vida a Borges en la Biblioteca.

Por ejemplo hubo un episodio que me impresionó y me hizo escribir un poema. Fue cuando Franco fusiló, ya en el final de su dictadura, a un grupo que era, creo, de combatientes vascos. Escribí una poesía en homenaje a los que habían muerto. También leí mucho y me devoré todas las cosas del surrealismo. Me vi todas las películas de Dalí, y leí las cosas de Éluard, de André Breton.

—¿Sos cinéfilo?
—Sí. Me apasiona el cine de Luchino Visconti, el de Federico Fellini, el cine italiano de toda esa época. Y también leí cosas, un libro muy apreciado es una biografía de Visconti donde cuenta (creo que en El gatopardo), que cuando armó la escenografía: había un armario donde hizo meter, adentro de los cajones, medias y ropa interior de época que, aunque no se vieran jamás en la escena, tenían que estar en los cajones. Es impresionante.

—Te tiro una película de Visconti: Muerte en Venecia.
—De las más grande películas que vi. Monumental. La mejor de Visconti junto con La caída de los dioses, que relata a todo un sector de la burguesía alemana como mentora y víctima luego del nazismo. Luego, hay tantas películas: Rocco y sus hermanos, El extranjero, todo lo de él. Y después de Fellini, Amarcord, La città delle donne, La strada.

—¿Mirás series?
—Miré todo Breaking Bad, pero me encanta, más que aquella, Better Caul Saul: es espectacular, la calidad de esa serie, el retrato, tomaron dos personajes secundarios de Breaking Bad y armaron una historia de una densidad psicológica, de una tensión dramática, impresionante.

—Cinco personajes, los que vos quieras.
—A ver, bueno, a (León) Trotsky y a Lenin les dejo un lugar. Qué pregunta. A un monstruo de la música, (Ludwing Van) Beethoven, ahí, arriba de todo. Piazzolla.

—¿Poe?
—Y podría ser. Y te puedo dejar a uno nuestro, a Mariano.

—¿Qué consejos le darías a un pibe hoy?
—Que milite, que no se pierda en vericuetos, que se meta a fondo en luchar por cambiar al mundo

—¿Y al militante?
—Que milite con conciencia crítica, que piense, que critique la actividad todos los días, que no se declare conforme. Yo a veces intervengo con un sentido muy crítico incluso de las cosas que conquistamos porque, de lo contrario, nos acomodaríamos a un espíritu adocenado, conformista, que es el que tiene los diputados de los partidos del sistema, con esas leyes pequeñas, que a veces ni siquiera cumplen, y que presentan como si hubieran cambiado el mundo.

—¿Qué reivindicación y qué crítica le harías al Marcelo Ramal adolescente?
—(Se ríe) Tal vez no haberse animado a hacer todo lo que hubiera querido hacer.

—¿Y qué hubieras querido hacer?
—No sé, tal vez en algunas cosas esperé demasiado para dejar de darle pelota a mis viejos.

—¿Y en las reivindicaciones que militaste, por ejemplo?
—Sí, por supuesto. Lo único que me deja satisfecho es que si volviera a tener 17-18 años y me dijeran: “Mirá, a los 60 vas a ser ese tipo que está ahí”. Diría, bueno, compro.

—¿Y qué viene en la película después de los 60?
—Estoy seguro de que vamos a tener una lucha decisiva para gobernar este país con todos, con todos los compañeros.

Crédito: Fede Imas

Crédito: Fede Imas


Daniel Mecca (@dmecca1) es un periodista, poeta y docente nacido en Buenos Aires, Argentina. Egresó en TEA. Se desempeña actualmente como redactor en Clarín.com. Fue redactor en el "Diario Muy" y en la agencia de noticias “Política&Medios”. Colaboró en el diario “Perfil”, en la revista “Mavirock” y en la revista “Ñ”, entre otros medios. Es autor de los libros de poesía “Ahorcados en la felicidad” (2009) y “Lírico” (2014) . Cursó estudios de ingeniería en la UTN y la maestría en Crítica y Difusión de las Artes en el IUNA. Dio clases de periodismo en la UBA y en el IUNA. Fue nominado a los Premios Estímulo TEA 2011.

Comentarios

  1. Excelente semblanza! A pesar de lo extensa, me resultaba imposible dejar de leerla. Sin dudas, Marcelo Ramal es un grande del Partido Obrero. Y este análisis íntimo lo muestra de una humanidad enorme. Gracias!

  2. Bella nota Daniel. Siempre me prendo y me sorprendo con tus notas largas y atrapantes, dos cosa que comúnmente no suelen ir bien unidas en los medios web. Relatas las cosas como un cuento y eso me gusta. Saludos

  3. Excelente nota.
    Marcelo es un dirigente con estilo propio.

  4. Marcelo es un dirigente con estilo propio.
    Excelente nota

  5. Sonia Rodriguez dice: agosto 7, 2017 at 11:39 pm

    El otro Marcelo,es el hombre entero, el otro juega dentro del luchador militante,el otro es el de nuestras consignas revolucionarias, el de la voz linda, me dice mi vieja, lo vi al de la voz linda. Este Marcelo el del Partido Obrero, el que nos explica economía. El compañero. El lúcido marxista del PO!

  6. Genial. Te felicito Daniel. Hermosa lectura de vacaciones.

  7. Hermosa nota, hombre cabal , muy bien delineado.

  8. Ramal siempre tan correcto , tan simple, tan pedagógico , lo admiro hace muchos años , es un ejemplo de militante un ejemplo de Lucha .

  9. Excelente nota a pesar de ser algo extensa me atrapó Superecomendable

  10. Qué gran nota a un enorme cuadro político de la clase obrera.

  11. Miguel a Lopez dice: agosto 8, 2017 at 1:15 pm

    Excelente !!!

  12. Muy buena nota! casi una biografía, un luchador indispensable.

  13. Mauricio dice: agosto 8, 2017 at 2:17 pm

    Notaza, impecable.

  14. Federico dice: agosto 8, 2017 at 9:17 pm

    Hermosa nota che, me encantó saber más de este gran maestro y dirigente, un ejemplo total.

  15. “No tengo un solo motivo para dejar de estar vivo.” Esto es el compromiso con la vida propia y de los otros.

  16. Marìa Elena Molina dice: agosto 9, 2017 at 12:18 am

    què buen trabajo Daniel.
    La vida de Marcelo Ramal es un aliento a la militancia.

  17. Excelente narrativa de una historia viva, un hombre que convoca en coherencia y y compromiso.

  18. javier. tell dice: agosto 9, 2017 at 8:07 am

    excelente nota sobre un indispensable. por suerte la clase obrera -en general, y el PO en particular- tiene muchos como él. grandisimo ramal

  19. Brillante nota, brillante Ramal.
    Un detalle, Cortazar murió el 12 de febrero del 84, la anécdota de encuentro con él debió ser antes, no a finales del 84.

  20. Lentamente, la izquierda va madurando. Gracias a mamá Kris, los nenes dejaron de pelearse por los juguetes y ahora pueden compartir salita. Pero todavía se juntan en esquinas diferentes para tomar birra y fumar. Quizás alguna vez consigan ponerse pantalones largos, superar el acné y discutir una estrategia seria y a largo plazo. Hay muchas cosas necesitadas de debate y puesta a punto. La lucha por la canasta básica o los derechos universales no llegan a ser una estrategia suficiente.

  21. Excelente nota Conoci a Ramal (Marcelo Peralta) cuando venia a San Luis De una calidez impresionante Felicitaciones

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  23. Verónica dice: agosto 9, 2017 at 8:03 pm

    Excelente!!!
    Al principio me parecía una extrevista muy extensa, pero fuiste desenvolviendo a Marcelo Ramal para que lo conozcamos y simpaticemos con él.
    Excelente!!!

  24. Gran nota.
    Felicitaciones.

  25. Marcelo fué mi profe en UNQ. Con su materia me recibí. Lo invité a comer choripan y vino a casa junto a mis compañeros para festejar. Vino y disfrutó con nosotros la “fiesta”. Cuando se fuè me dijo”Gracias por incluirme en tu festejo es la primera vez que me pasa” LO ADORÉ!!!

  26. Agustina Cañete dice: agosto 15, 2017 at 1:02 am

    Que orgullo este tipo, Mi compañero, y que orgullo la construcción de la que es parte. Se me infla el pecho. Por muchos más Marcelos Ramal en el PO. Y muchos más escritores como vos Daniel

  27. Genio dani! un abrazo un compañero del perpetuo!

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