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Acerca del Indio Solari, el lucro y la grave impugnación de su arte Análisis político / Destacados

El lucro fue lo que llevó al hacinamiento en el recital del Indio Solari en Olavarria, con al menos dos muertos (por causas, hasta el momento, ajenas a una avalancha) y, cinco desaparecidos. No estaban las condiciones para albergar a 400 mil personas (se arriesga, incluso, que hubo medio millón). No había puestos sanitarios suficientes ni salidas adecuadas ni organización que guiara. 10 ambulancias, 30 médicos, 19 enfermeros y 160 socorristas. Las entradas “no se agotaban” y se vendían hasta las 20 horas del sábado. A la intendencia de Cambiemos (“Esperábamos 160 o 170 mil personas, mintió Ezequiel Galli) y a la productora le caben responsabilidades. Maximizaron ganancias por encima de la integridad de los asistentes. Olavarria fue una zona liberada. A eso le siguieron la desinformación de ciertos medios y las campañas de demonización de la juventud y el rock.

En 2014, en Gualeguaychú, a propósito del recital que ofrecieron allí, le habían otorgado al Indio Solari la exención de impuestos municipales, que debía ser el 5% de la recaudación. En aquel caso, eran unos dos millones de pesos. La resolución, en ese momento, la tomó por decreto el entonces intendente del Frente para la Victoria, Juan José Bahillo.

Cuando ocurrió el asesinato, en un caso de gatillo fácil, de Walter Bulacio, en abril de 1991, el Indio prácticamente se llamó a silencio. Skay y Poli, los otros dos pilares de Los Redondos, participaron de la primera marcha organizada por la familia, pero nunca más tuvieron intervención pública sobre el asunto (Libro “Fuimos Reyes”, editorial Planeta). El Indio dijo en ese momento “yo no soy muy verborrágico el escenario, pero cada vez que hablo solo digo ‘cuídense el culo’”. Y también: “No queríamos llorar frente las cámaras”.

En los últimos años, fue pública su amistad con Aníbal Fernández, el mismo que reivindicó el accionar de la policía en la masacre de Puente Pueyrredón y en el crimen político de Mariano Ferreyra.

Sin embargo, las críticas a las posiciones políticas y acciones de lucro del Indio Solari conllevan, en muchos casos, a la anulación completa de su enorme obra artística, como si todo debiera contemplarse bajo el mismo ángulo impugnador. En la vereda opuesta, la exaltación de su obra, sin una mirada crítica de las acciones, puede ser un camino para tapar responsabilidades.

Recuerdo cómo tu mirada me volteó

La obra del Indio -la de Los Redondos, fundamentalmente- despliega un lenguaje en sí mismo: es la sintonización de la niebla. Basta escuchar el comienzo de temas como “Luzbelito” para meterse en esa delicada oscuridad solarista, para desenvolverse en la agresividad de la distorsión, ese sonido, esa furia, ese tango metálico.

O escuchar “Una piba con la remera de Greenpeace”, de Momo Sampler, y demorarse, como en un loop existencial, en la explosión del estribillo -como una estética a lo Cobain-, y ese ‘y por las dudas nunca está/ cerca de las vías sin mirar atrás/ mirar atrás’, y la voz del Indio hundiéndose en un barro kafquiano. O la canción “To beef or not to beef”, del disco “El tesoro de los inocentes” —su primer disco solista con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado—, y ese final para escucharlo, para cantarlo, con los ojos cerrados, tan íntimos: Y yo allí, pensando en vos siempre, siempre extrañándote.

Su lírica siempre orbitó siempre por los ambientes marginales (“Quiero verte hundido en tu gabán masticando el frío marginal”), la cocaína (“Apuntamos a tu nariz hundimos tus pómulos y vos resplandecías”; “Le hizo ¡crack! el hueso al final”), el amor que tanto miedo da (“recuerdo cómo su mirada me volteó”), el cierre de los bares por donde van, la crítica a los grandes medios (“¡Divina TV Führer mi amor!”).

En su etapa solista se mantuvo el discurso sobre lo marginal: “Pabellón séptimo”, “Martines y Tafiroles”. En el segundo disco de los Redondos, “Oktubre”, tuvo una referencia estética con la revolución soviética (las banderas rojas en la tapa del álbum, el esclavo rompiendo las cadenas, el “te prefiero igual, internacional”), pero en modo alguno estuvo allí su compromiso político. En otras palabras, el Indio nunca fue un ‘bolchevique’.

La apropiación de las masas

Ahora bien, que las masas, de manera inédita en la historia nacional, se han apropiado y se siguen apropiando de la obra del Indio, excede lo que él pregona en su discurso y sus contradicciones (“la mafia es el sistema, el dueño del imperio, las corporaciones que gobiernan”, decía el Indio a mediados de los ochenta en Cerdos y Peces).

El fenómeno se puede empezar a explicar con el crecimiento en los noventa del rock ligado al barrio y a lo marginal, el público “huérfano” de Sumo tras su disolución; la juventud que construye en los noventa una identidad propia, de la mano del rock, frente al avance menemista y el discurso de la superficialidad. Aspectos que deben ser contemplados para entender su condición de masas y las contradicciones de su propio discurso.

En otras palabras, las masas se apropian de la obra del artista más allá de las intenciones y posiciones de este. Hay un caso paradigmático en la pintura, que es con la obra “El juramento de los Horacios”, de Jacques Luis David, que se expuso en 1785, encargada por el rey Luis XVI de Francia en 1783, antes de la revolución, con el propósito de fomentar la lealtad a la monarquía. Pero la obra terminó causando el efecto contrario, porque la imagen fue interpretada como una invitación al levantamiento popular (los tres Horacios, en el mito clásico, son tres héroes romanos) y se convirtió en uno de los símbolos de la Revolución Francesa en esta época neoclasicista en el arte.

Ninguna pintura, ninguna canción, ningún texto, es una obra de arte en sí mismo sino que se legitima en el discurso socio-artístico en el cual está inmerso dentro de su época histórica. Así, nada garantiza que una obra de Van Gogh, hoy paradigma de la modernidad pictórica, nada valga en 100 años. La mera realización de una obra de carácter conceptual, en 2017, en modo alguno tendrá la misma fortaleza artística que tenía en los sesenta. O exponer hoy un mingitorio en un museo -como hizo Duchamp en 1917- no ejercerá ya un discurso subversivo en la escena artística.

Lo que el artista -en este caso un artista de masas- quiere imprimir sobre su obra -el mensaje- no necesariamente coincide con la apropiación que hace el pueblo del texto artístico. Analizar lo que quiso decir el artista (quedarse con sus propios dichos) es caer en psicologismos. Se analiza el discurso desprendido del texto artístico.

La cultura del aguante

La obra/discurso de los Redondos -que enunció inicialmente una psicodelia intelectual, una estética beatnik, una contracultura de cierta bohemia-, derivó en los noventa en el arropamiento a los ‘desangelados’ del desguace menemista, y en la corporización de la ‘cultura del aguante’.

Se trata de una ‘cultura del aguante’ que viene de los años ochenta que tuvieron, entre otros, a Omar Chabán como artista plástico y artífice del under en Buenos Aires: fundó los emblemáticos Café Einstein, luego el Di Schule y Cemento, cuevas del rock y del arte conceptual. Toda esta movida vanguardista y rockera se llevaba adelante en condiciones de precarización hacia el público y hacia los artistas (Prensa Obrera, 27/11/14).

“Era la única alternativa de cultura que teníamos; si te caían gotas del baño de arriba, reputeabas a todos los que tenían que ver con Cemento, pero tratabas de adaptarte porque era el único lugar, no existía otra posibilidad”, sintetizó el cantante de Las Pelotas Germán Daffunchio (“Cuando el arte ataque”, Demo Editores, 2006).

Los artistas estaban atados a esas condiciones para desarrollar y exponer su creación. Chabán cumplía un doble rol: artista vanguardista y empresario. Su carácter “progre” en el ambiente en modo alguno escapaba a las leyes de la usura capitalista. Su responsabilidad en la masacre de Cromañón fue probada y el vértice de la responsabilidad está en el Estado. Cromañón fue, así, el símbolo del lucro capitalista por encima de la vida.

Conclusiones

La rebelión de la juventud que está en el aire en cada recital del Indio Solari, de aquellos cientos de miles que son explotados en sus trabajos, de aquellos excluidos, no debe traducirse en la legitimación de la “cultura del aguante”.

Como bien señala Prensa Obrera (12/03/17): “En la música y los recitales de los Redondos asomó siempre la rebelión de los pibes sin futuro, de los que soportan cotidianamente la explotación infernal de trabajos extenuantes o mal pagos; de los que no tienen siquiera trabajo y han perdido la esperanza de tenerlo; de los que asisten al derrumbe de sus familias laburantes. Esa rebelión, como todas, enfrenta ahora su encrucijada. Uno de los caminos es el de la Colmena – o sea, el estallido que fagocita el sistema, y lo vuelve un filón rentable para la “industria” del recital, las arcas de los municipios, los dealers y otros vampiros empresarios de los jóvenes. Pero para esa misma rebeldía, se abre otro camino: luchar contra la sociedad que nos explota bajo toda circunstancia, y transformarla de raíz. Para que el trabajo deje de ser un calvario; para que la escuela y la universidad no nos expulsen, y para que la fiesta, cuando toca, sea simplemente eso –  nuestra fiesta”.

Cuestionar entonces las posturas del Indio, como así también reflexionar sobre sus responsabilidades a partir del lucro y el negocio a costa de los jóvenes, es necesario y obligado ya que el debate actúa como un motor sobre las conciencias de la juventud.

Anular su obra artística por estas posiciones es un grave, peligroso, error.


Daniel Mecca (@dmecca1) es un periodista, poeta y docente nacido en Buenos Aires, Argentina. Egresó en TEA. Se desempeña actualmente como redactor en Clarín.com. Fue redactor en el "Diario Muy" y en la agencia de noticias “Política&Medios”. Colaboró en el diario “Perfil”, en la revista “Mavirock” y en la revista “Ñ”, entre otros medios. Es autor de los libros de poesía “Ahorcados en la felicidad” (2009) y “Lírico” (2014) . Cursó estudios de ingeniería en la UTN y la maestría en Crítica y Difusión de las Artes en el IUNA. Dio clases de periodismo en la UBA y en el IUNA. Fue nominado a los Premios Estímulo TEA 2011.

Comentarios

  1. Clidia Rodríguez dice: marzo 18, 2017 at 12:38 pm

    Muy buen texto. Gracias. Lo comparto.

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