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Piglia, mi vida posible Destacados / Narrativa / Relatos

Por Emilio Renzi

Piglia fue mi otro modo de ser. Él solía decir que en todo cuento siempre hay dos historias: una, la evidente, en la superficie de lo dicho; otra, la secreta, que él supo encontrar. Quizás por eso, él hizo de su vida —vale decir, de la nuestra— ese cuento con dos historias.

Hace unas semanas, encontré esa libreta de tapas negras que yo solía llevar en el bolsillo del abrigo. Trabajaba como crítico de libros en el diario El Mundo. Me interesaba la lingüística. Había pasado cinco años en la Facultad especializándome en la fonología de Trubetzkoy para terminar escribiendo reseñas de media página sobre el desolado panorama literario nacional. En aquel tiempo yo consideraba que un escritor debía ir a todos lados con una libreta de notas. En una de las páginas me leí:

Lunes 12. Si es cierto que uno tiene que adaptarse a su contrario, si esa es la “ley de la vida”, esto se debe a que sentimos un horror instintivo a ligarnos con quien expresa nuestros mismos defectos, nuestro “modo de ser”. La razón es, evidentemente, que esos mismos defectos, esa misma mentalidad, descubierta en quien vive junto a uno, nos quita la ilusión – que antes habíamos cultivado- de que en nosotros existía un núcleo, digamos así, “original”, diferente.

Piglia fue mi vida posible, como el recuerdo perdido de una experiencia vivida. Él decía que yo era más radical, que tenía posiciones más extremas que las suyas. “Él dice que Borges es un escritor del siglo XIX y todos creen que lo dije yo. Pero fue él, siempre está provocando”, leí que declaró acerca de mí. Lo cierto es que, si todo cuento tiene dos historias, en su silencio se ocultaba la historia cifrada.

Nos conocimos en 1968. En ese entonces todavía era estudiante, pero me ganaba la vida como cronista de policiales. Piglia me contactó. Hace tiempo, en septiembre de 1965, me habían enviado a Montevideo a cubrir un asalto.  La banda del Malito — así se llamaba— había robado siete millones de pesos del banco de la Provincia de Buenos Aires en San Fernando para luego huir a la capital del país vecino. El brillo trágico de la ceremonia de esa noche — los que estábamos ahí sabemos cuál— había sido quemarlo todo. Piglia me escribió tres años después porque quería leer mis crónicas y mis notas de entonces. Él transformaba vida en literatura.

Él escribiría luego en Plata quemada, publicado recién en 1997: “Siempre serán misteriosas para mí las razones por las que algunas historias  se resisten durante años a ser contadas y exigen un tiempo propio”. Piglia es esa historia que quise contar.

Nos inventó, en nuestras oposiciones y defectos, como símbolo de los antagonismos que él supo emparentar: la poética de Borges y de Arlt, la crítica y la ficción, la acción política —la vida— y la literatura. Fue luz sobre lo que yo veía como un desolado panorama literario nacional.

En su ensayo “Nueva refutación del tiempo”, Borges menciona la historia de Chuang Tzu. Él, en un tiempo remoto, había soñado que era una mariposa y al despertar no sabía si era un hombre que había soñado ser mariposa o una mariposa que soñaba ser hombre.

“Por supuesto, no hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida”, recuerdo que dijo él una vez. Como a la banda del Malito, Piglia me entregó su vida e hizo de nosotros literatura. A veces, antes de dormirme, pienso en el texto de Borges y me pregunto si seré un hombre que soñó ser Emilio Renzi o si habré sido yo el que soñó a Ricardo Piglia.

 

 


Martina Nudelman (@funesvera) nació en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada y Profesora en enseñanza media y superior de Letras con Orientación en Lingüística de la Universidad de Buenos Aires. Estudia el Profesorado de Italiano en el Instituto Superior Joaquín V. González. Participó en 2012 de un Ubacyt (Ciencia y Tecnología): Multimodalidad y estrategias discursivas: el caso de las redes sociales (Facebook y Twitter). En 2013 presentó “Facebook: el libro de la imagen” en las II Jornadas de Jóvenes Lingüistas y, en 2016, “Dante, lector de Virgilio” en el I Congreso Argentino de Estudios Dantescos y en las Jornadas Interdepartamentales del ISP “Dr. Joaquín V. González”. Actualmente trabaja como docente de italiano, latín, lengua y literatura, matemática e historia.

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