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Carrie Fisher: el despertar de las princesas Destacados / Ensayos

Su voz era futuro: “Ayúdeme, Obi-Wan Kenobi. Usted es mi única esperanza”. Luke Skywalker miró a la mujer que se proyectaba con la luz de R2D2.

¿Quién es ella? Es hermosa.

No lo sé, señor -le respondió C-3PO. Creo que era pasajera en nuestro último viaje. Una persona con algún tipo de importancia, creo yo.

Fue importante. Miembro del Senado Imperial en una misión diplomática al planeta de Alderaan, era, en verdad, líder de la Alianza Rebelde. Su nombre es y será Princesa Leia.

Carrie Fisher, quien protagoniza el personaje en la mítica saga de Star Wars, falleció el pasado 27 de diciembre a los 60 años. Murió de un paro cardíaco mientras viajaba de Londres —donde había presentado su último libro, The Princess Diarist— a Los Ángeles. En el hospital de California, no pudo despertarse.

Si bien la actriz actuó en otros éxitos de taquilla, como Cuando Harry conoció a Sally y Hannah y sus hermanas, y se desenvolvió como escritora — entre sus libros se encuentran Wishful drinkingPostcards from the edge y Delusions of Grandma—, pasó a la historia por su personaje en la saga de George Lucas.

La Princesa Leia es un ícono porque rompe con el estereotipo de las princesas tradicionales de los cuentos fantásticos.

En Morfología del cuento, el antropólogo y lingüista ruso, Vladimir Propp, analiza la estructura de la literatura fantástica. Todos los cuentos parecen repetir determinado formato con distintos ángulos. Existe una ausencia inicial — podría nombrarse la muerte del padre de Cenicienta, la soledad de Blancanieves en el bosque, la música que lleva a la Bella Durmiente lejos de sus padres—, la presencia de un enemigo, un ayudante —como el hada madrina o los siete enanos—, el auxilio de un objeto mágico.

En lo que respecta al protagonista, según él, existen dos tipos de héroes: el “héroe-víctima”, aquel raptado o expulsado del lugar de pertenencia, y el “héroe-buscador”, que suele ser el príncipe que va en busca de la joven raptada.

En los cuentos fantásticos tradicionales, la princesa es siempre víctima pasiva. Cenicienta se encuentra presa de la explotación de una madrastra y hermanastras ante la ausencia de su padre. Blancanieves muerde la manzana y solo puede ser despertada a la vida por el beso de un hombre. Todos duermen en el reino, incluida la Bella Durmiente, hasta la llegada del príncipe azul. Una y otra vez la mujer, al volverse víctima pasiva, se torna en objeto. No es ella la que realiza la acción, sino que es el príncipe que va en su búsqueda.

La princesa Leia, en contraposición, no es héroe-víctima, en términos del lingüista ruso. Ella es sujeto y motor de la acción. Sin su mensaje secreto al jedi Obi-Wan Kenobi, enviado mediante el robot R2D2, no habría historia. En el episodio VI, El retorno del Jedi, no solo forma parte activa del plan de liberación de Han Solo (Harrison Ford) —que se encontraba preso de Jabba The Hutt —, sino que también ella lucha al igual que los hombres, y los ewoks con los que se alían, en el asalto del planeta ficticio Endor contra las fuerzas del imperio.

Las princesas de hoy ya no son como Blancanieves o la Bella Durmiente. Son Leia. En Mulan (1998), la protagonista decide pelear en la guerra china contra los hunos para tomar el lugar de su padre. En Frozen (2013), Anna va ella misma en busca de su hermana Elsa. En Valiente (2012), la princesa Mérida busca convertirse en una guerrera.

La industria cinematográfica construye hoy princesas como Leia en reacción ante un creciente movimiento de mujeres a nivel internacional, una lucha que se encuentra en ascenso. Pero a su vez, Disney y Pixar, al incorporar personajes femeninos que ya no son pasivos, genera una maniobra de neutralización: al exponerlas como un elemento más de mercancía les quitan su contenido de luchadoras. Así, naturalizan y abstraen esa lucha como forma de esconder el carácter histórico, y por tanto cambiante, de la mujer que reacciona en la historia.

Sin embargo, los movimientos en defensa de la mujer, contra la profundización de la violencia desde el Estado, no pueden callarse. Desde una saga que inició en 1977, la Princesa Leia, en la industria del cine, marcó el inicio de la invención de mujeres que ya no esperan a ser salvadas. Son ellas mismas, en palabras de Propp, buscadoras. El príncipe azul ha muerto. Las princesas ya están despiertas.


Martina Nudelman (@funesvera) nació en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada y Profesora en enseñanza media y superior de Letras con Orientación en Lingüística de la Universidad de Buenos Aires. Estudia el Profesorado de Italiano en el Instituto Superior Joaquín V. González. Participó en 2012 de un Ubacyt (Ciencia y Tecnología): Multimodalidad y estrategias discursivas: el caso de las redes sociales (Facebook y Twitter). En 2013 presentó “Facebook: el libro de la imagen” en las II Jornadas de Jóvenes Lingüistas y, en 2016, “Dante, lector de Virgilio” en el I Congreso Argentino de Estudios Dantescos y en las Jornadas Interdepartamentales del ISP “Dr. Joaquín V. González”. Actualmente trabaja como docente de italiano, latín, lengua y literatura, matemática e historia.

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