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Entrevista a Soledad Sosa: “La necesidad de organizar a las mujeres es potencialmente revolucionaria” Análisis político / Destacados / Entrevistas

“Como militante del Partido Obrero, como militante del Frente de Izquierda, lucho por organizar a la mujer trabajadora porque es doblemente oprimida”. Soledad Sosa, diputada de la provincia de Mendoza por el Partido Obrero (PO) en el Frente de Izquierda (FIT), a un año de su asunción en la Cámara Baja, aborda, entrevistada por la Revista El Otro, la situación de la lucha por los derechos de la mujer. Esa lucha en ascenso es reacción a la violencia de un Estado que, según analiza, no se encuentra ausente: es en su presencia, en cambio, que garantiza las bases para que esa explotación se reproduzca. Una explotación que se expresa en las redes de trata, en el negocio de la prostitución, en cada femicidio, en la criminalización del aborto, en la presencia constante de la Iglesia en el Estado.

“Que las mujeres salgan a movilizarse, que son el sector más golpeado, expresa que las cosas están cada vez peor”, sentencia Soledad. En esa salida a las calles ve un aspecto transformador: “La necesidad de su organización, para nosotros, es potencialmente revolucionaria”.

Soledad Sosa milita desde los 16 años. En el origen de su militancia se encuentra un doble linaje. “Por un lado vengo de una familia, por parte de mi mamá, con mucha militancia en el Partido Comunista (PC). Mi abuelo era ferroviario, mi abuela viene de una familia de trabajadores de la viña”, recuerda. Ella cuenta, además, que la matriz de su militancia fue una Marcha Federal Piquetera de 2002 a la que la llevó su mamá, que era del Polo Obrero. A partir de ahí, comenzó a leer Prensa Obrera y su interés por las luchas sociales fue creciendo.

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“En el colegio secundario —relata— organicé el Centro de estudiantes, fui presidenta. Hicimos una movilización muy linda de todo el colegio por el edificio porque era un Departamento de las Heras del Gran Mendoza. Era una escuela que, a partir de lo que fue la Ley Federal de Educación —en la que se discriminó muchísimo en cuanto a los fondos de las escuelas— era de barrio. Estaba totalmente destruida. Incluso la Provincia alquilaba un edificio. Entonces luchamos por el edificio e hicimos una movilización desde Las Heras hasta la Casa de Gobierno, que es un viaje largo, caminando. Fue una movilización linda”.

Y sigue: “Después terminé la secundaria. Estuve militando ese tiempo tanto en el colegio como, sobre todo, en los comedores con el Polo Obrero, en todo ese proceso de lucha por el trabajo, por la comida. Después empecé a militar más, teníamos el desafío de construir el Partido Obrero en Mendoza. Terminé la secundaria, empecé a estudiar abogacía en la Universidad Nacional de Cuyo y ahí hicimos un intento de conformar una agrupación con unos compañeros del PTS de ese momento. Y después yo no pude seguir por complicaciones de plata, de familia. Vivía con mi mamá y mis hermanas. Luego empecé a trabajar en el Poder Judicial a los 21/22 años y ahí intenté —intento— llevar una militancia sindical”.

Soledad narra que, al principio, su militancia chocaba con la visión de sus abuelos del PC. “Con el que más costó fue con mi abuelo porque toda la bajada de línea era justamente en contra del trotskismo y, para él, ver que la hija y la nieta le llegaban a la casa con la Prensa Obrera…  Él agarraba la Prensa Obrera y decía —se ríe al contarlo—: ´No, ¿qué es esto? ¡Esto es el demonio!’”.

“Entonces, de pronto, agarró la Prensa (en referencia al abuelo) y la empezó a leer. Y fue el tiempo en el que el PC formó parte del gobierno kirchnerista y la desilusión de él fue brutal. Una más habiendo pasado una dictadura militar”.

“Mi mamá rompe con el PC justamente en la época de la dictadura militar, porque ella vive personalmente lo que fue la entrega de la dirección del PC y de sus militantes. Incluso en discusiones y en charlas con mis abuelos, ellos empezaron a reflexionar muchísimas cosas a partir de que empiezan a tener una relación con el PO a través de la Prensa Obrera, de los mates que te tomás en la casa, está la Prensa ahí y charlás. Al principio eran discusiones fuertes, después se fue aplacando un poco”.

Finalmente, cuenta que los abuelos, que estaban divorciados, se unen por la comprensión crítica de la naturaleza del PC: “Mi abuelo y mi abuela terminaron militando justos. Ellos estaban divorciados pero los volvió a unir la militancia. Iban a visitar a todos sus viejos compañeros del PC, a llevarles la Prensa Obrera y decirles: ´Miren, el PC es esto, esta es la alternativa, el Partido Obrero´”.

Pero, por el lado paterno, existe otro linaje: “La militancia en el peronismo de mi abuelo y de mi papá, que es Secretario General de la Unión Ferroviaria de Mendoza. Él (por el padre), peronista de Perón y Evita”. Incluso recuerda que un libro que la marcó fue una biografía de Evita que le prestó su abuela. “Algo me inspira por este lado de mi papá. Pero al mismo tiempo me inspira a la crítica, ¿no? Ella (en referencia a Evita) era la que inspiraba a los pobres, que movilizaba a todo ese sector, para un gobierno que se asentaba en la defensa de los trabajadores, pero que terminó generando una de las mayores entregas de la militancia y de la lucha, cortando un proceso de ascenso del movimiento obrero importante”.

—¿Qué figura fue para vos una inspiración?

—Creo que, desde un principio, siendo joven, en la secundaria, el Che Guevara obviamente. Aunque me acuerdo que el primer libro que me despertó la necesidad de hacer algo contra la injusticia, contra toda la situación de miseria extrema, fue un libro que me regaló mi abuela que se llamaba El pájaro pintado, que hablaba sobre la historia de un niño gitano en la época de la Primera Guerra Mundial. 

[…] Después, interiorizándome un poco más en la militancia del Partido (Obrero), intelectuales obviamente como (León) Trotsky, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin.

—Muchos artistas se acercan al Frente de Izquierda. ¿Cuál creés que debería ser la relación entre el arte y la política? ¿Qué rol tiene que tener el artista en la lucha por la revolución?

—Primero, ¿qué tiene que hacer la política para que el arte pueda fluir? Me parece que la relación entre arte y política no tiene que ser una relación estrictamente utilitaria, en el sentido de que una tiene que ser funcional a otra — en cuanto al arte con la política—. Pero me parece que la política, con respecto al arte, tiene la función de garantizar que el arte pueda fluir y desarrollarse.

En ese sentido, la política de estos gobiernos y de los partidos patronales ha sido la de desenvolver un tipo de arte y cultura desde el Estado. Esto fue muy marcado en el gobierno kirchnerista que hizo una utilización muy fuerte porque provocó incluso una discriminación. Es decir, se favorecía a unos sectores desde el Estado financiándolos porque eran afines políticamente. Pero la precarización en el sector del arte es brutal. Además es básico que para poder desenvolver tu faceta artística necesitás tener comida, condiciones de vivienda, de existencia realmente dignas […].

Es importante la relación de los artistas con la política en cuanto se consideren también trabajadores. Después, creo que es una decisión personal, de acuerdo a la conciencia que se tenga: si su arte la pone al servicio de una lucha, de una causa social, es muy importante. Pero no necesariamente tiene que ser así. Creo que en eso siempre tiene que defenderse la libertad del arte y principalmente defenderse las condiciones materiales de existencia para que pueda existir el arte.

—¿Qué significa la masividad del Encuentro Nacional de mujeres? ¿Por qué es importante que el próximo Encuentro sea en Capital Federal?

—  En el discurso en Atlanta hice mucho hincapié en que este Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) fue muy particular. Yo participo de los ENM desde hace bastante […]. Uno sabe que va al ENM y que se encuentra con mujeres de todo el país que van a luchar por la mujer. Pero este Encuentro fue particular por el proceso que estamos viviendo, no tanto como movimiento de mujeres, sino como sociedad, como país. La situación terrible de los femicidios, de esa profundización de la violencia, de una necesidad de salir a las calles y decir ´basta´. Se expresa con el ´Ni Una Menos´, que este año no fue la única expresión.

Nosotros, en Mendoza, venimos con una situación de que a esta altura del año tenemos 20 femicidios. Tuvimos semanas, meses, donde se produjeron más de tres femicidios por mes, o en menos de 48 horas. Y salimos numerosas veces de manera masiva a la calle a decir ´Basta de femicidios´.

El último femicidio que ocurrió en Mendoza fue el triple femicidio de Godoy Cruz, en donde Daniel Zalazar, profesor de Taekwondo, mata a su pareja, mata a la madre y mata a la hermana. Hirió a sus dos hijos, a los que no mató porque se salvaron. Cuando los padres van a llevar a la hija en el cajón al cementerio, pidieron que el cortejo fúnebre pasara por la casa del gobernador. Y uno no puede esto interpretarlo maliciosamente, que el padre quiso ´partidizar´ el problema. Lo politizó. Es la expresión de que el problema de la violencia sobre la mujer es un problema político y es un problema de una orientación social que defiende un régimen político porque la mujer, si bien ha habido un avance cultural —en el sentido de que denuncia—, la consecuencia de la denuncia bajo este régimen es que te matan porque no hay una protección del Estado. Entonces cuando nosotros decimos ´El Estado es responsable´, es porque estamos diciendo que hay un Estado presente, no ausente, sino presente garantizando esa violencia.

Todas estas movilizaciones que hemos tenido durante este año marcaron un terreno para que el ENM fuera el más masivo de la historia […]. El encuentro en un punto reúne a mujeres de todas las clases sociales. Como militante del PO, como militante del FIT, lucho por organizar a la mujer trabajadora porque es la que es doblemente oprimida. Incluso si es inmigrante es triplemente oprimida. Entonces la necesidad de su organización para nosotros es potencialmente revolucionaria porque ataca concretamente las bases de esta organización, que es la relación de producción donde existe la explotación del hombre por el hombre, y lo que se busca siempre es el lucro a costa de las mujeres: es lo que expresan la prostitución y la trata de personas.

Entonces, este Encuentro tiene que hacerse en Capital, primero, porque lo ganamos y eso es algo muy importante. Nunca éramos mayoría en el cierre del Encuentro. […] En este ENM, que reunió a 70.000 mujeres, y que en la movilización del día domingo se llegó a calcular más de 120.000, al cierre, las mujeres del Frente de Izquierda éramos mayoría. Fue impresionante eso. Y ganamos […] que la próxima sede sea la Capital.

 

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Es una lucha que venimos llevando adelante desde siempre porque consideramos que el aspecto federal del ENM tiene que reflejarse en los trabajos y en la convocatoria en cada provincia, pero que tiene que expresarse políticamente en la Capital, es decir, donde se concentra el poder político, en la Casa Rosada, en el Congreso de la Nación. Ir a plantearle al gobierno todas nuestras demandas: el aborto legal; los protocolos de aborto no punible; la separación de la Iglesia del Estado; la educación sexual laica; los jardines infantiles en lugares de trabajo, barrio, estudio; las licencias; las casas refugio; igual salario por igual trabajo. Principalmente, para arrancar en el aborto legal, consideramos que tenemos que venir a la capital federal.

Si hemos tenido un año en donde la lucha contra la violencia crece y se expresa de manera masiva, tenemos que orientarla políticamente hacia el lugar donde está la mayor responsabilidad.

—¿Cuál es la situación de la lucha por los derechos de las mujeres en el mundo?

—Es una lucha que está en ascenso. Una de las cosas que lo reflejó es el paro nacional de mujeres y la huelga de las mujeres polacas.

Después cuando nosotros —el movimiento de mujeres— lo convocamos en nuestro país por el femicidio de Lucía, también se mostró un reguero de expresiones de repudio y de solidaridad en todo nuestro continente, en Chile, en México, en Uruguay, en Perú. Y después también hubo movilizaciones en España, Barcelona, en Francia. Fue un dato fuerte.

Hace poco las mujeres turcas lograron revertir una ley que avalaba el abuso sexual. Esa ley proponía que los abusadores se casasen con las niñas o mujeres que abusaron. Terrible. Y es un país donde el aborto está legalizado, pero prácticamente los hospitales no lo realizan porque hay una resistencia a llevarlo adelante.

Entonces, a nivel mundial, es una lucha que está en ascenso y es una muestra de la descomposición mundial que está teniendo el sistema capitalista. Que las mujeres salgan a movilizarse, que son el sector más golpeado, expresa que las cosas están cada vez peor.

¿Qué papel tienen que jugar las mujeres del FIT? ¿Qué rol tiene la mujer en la lucha por la revolución social? ¿Cuáles son sus desafíos?

—Para nosotros, la mujer militante de izquierda, del Partido Obrero, del FIT, es una parte fundamental de la clase trabajadora. Defendemos las condiciones de vida de la mujer desde nuestra militancia, tanto en su plena autonomía y libertad, como también en garantizar que pueda decidir ser madre o no. Sin la mujer no habría clase obrera, es así.

Para nosotros, el desafío que tiene la mujer militante de la izquierda es ganarse al conjunto de mujeres que están […] en lucha contra la violencia, o que desde lo personal salieron en alguna movilización contra el femicidio. Nuestro desafío es unirlas a una lucha más estratégica que tiene que ver con luchar por un gobierno obrero y socialista, que tiene que ver con hacer entender por qué para nosotros este es un problema de clase, y cómo una salida a esta situación de violencia se va a resolver llevando adelante un programa, deliberando y resolviendo cómo superamos esta descomposición social de un régimen capitalista.

La mujer militante de izquierda es la única que tiene ese desafío. Una mujer militante de los partidos tradicionales, de los partidos patronales, está luchando por cosas que no son demandas que están en la calle. Es decir, esta lucha por la paridad de género, por el cupo femenino en las listas electorales, traslada un problema interno del régimen que tienen sus partidos, que son partidos patronales. La mujer, en esos partidos, — además de que la mayoría pertenece a una clase social distinta a nuestra clase social—, incluso dentro de esa condición social, sufre una discriminación por su género. Entonces, han buscado trasladar ese problema que tienen a una deliberación en el Congreso, o en las distintas Legislaturas, apañándose en la lucha que están llevando las mujeres contra la violencia, contra las políticas de ajuste y de vaciamiento, que las llevan perfectamente tanto un hombre como una mujer de los partidos patronales.

Para nosotros, el desafío de la mujer militante de la izquierda es profundizar el aspecto transformador que tiene la lucha contra la violencia hacia la mujer y canalizar las energías del ascenso de esa lucha para darle una salida socialista.

¿Cuál es el rol que juega la Iglesia en relación a la opresión a la mujer?

—La Iglesia en la historia siempre ha jugado un rol de opresión, de profundizar las discriminaciones, de garantizar los sistemas de explotación y, con respecto a la mujer, ha jugado ese rol profundamente. Este nuevo anuncio del Papa de darle la posibilidad a los curas de que den el perdón a las mujeres católicas que se arrepientan de haber abortado tiene que ver con una política de contención (que viene) de la base de la Iglesia católica que está totalmente en decadencia.

 Justamente el papa Francisco fue a jugar ese rol de recomponer esa Institución que estaba cuestionada por la pedofilia, por los abusos sexuales, por la corrupción en el bando del Vaticano, por su rol en las dictaduras militares, por la discriminación hacia la diversidad sexual. Es decir, está cuestionada por todos lados.

En estos momentos, donde hay un ascenso de las luchas de las mujeres y de reconocimientos de derechos para la diversidad sexual — pero no reconocimiento de una inclusión laboral porque esa es otra cosa —, la Iglesia ha hecho durante este año varios anuncios pretendiendo mostrarse abierta a un supuesto debate. El tema es que lo que viene a hacer es reforzar la opresión sobre la mujer: sobre la base de la culpa católica y del arrepentimiento, ellos a la mujer la siguen manteniendo subordinada a que un hombre cura le entregue el perdón.

Además una muestra de que están muy lejos de tener la paridad dentro incluso de la Iglesia, es que las mujeres, las monjas, tienen un rol subordinado y son víctimas de las peores prácticas de flagelación en nombre del amor a Dios.

Pero la Iglesia, hablando de Estados, es un Estado dentro de otro Estado; bajo el gobierno kirchnerista, con la Reforma del Código Civil y comercial que hizo, obtuvo ese reconocimiento […], y bajo este gobierno de (Mauricio) Macri, lo que nosotros estamos denunciando es que va a avanzar esta situación y no solamente con la Iglesia católica, sino con el resto de las Iglesias, Iglesias que son instituciones. Uno cuando habla de la Iglesia católica, y del Vaticano, ataca a esa forma de Institución. Y sobre los que creen en Dios, nos tenemos que esforzar para ganarlos a una causa revolucionaria, en donde la lucha tiene que ser por un Paraíso acá en la tierra.

Entonces, con las mujeres es fuerte el anuncio porque tiene que reconocer que hay una realidad en la base de sus propias fieles: que son víctimas del aborto clandestino porque esta sociedad capitalista obliga a las propias mujeres a tener que abortar. O sea, dentro de la cultura de opresión, dentro de los mandatos conservadores de ser madre, es muy difícil que las mujeres puedan decidir plenamente no ser madres. Entonces, la gran mayoría que está sometida a la práctica de los abortos clandestinos, y que muere por el aborto clandestino, es la mujer pobre, es la mujer trabajadora, que está precarizada, en negro, y que si se queda embarazada, va a perder el trabajo que tiene. O que si está en blanco y tiene otros hijos, tiene un salario que no llega a la canasta familiar y no tiene un jardín infantil para poder tener a su hijo ahí. Sabe que le implica siempre una discriminación con respecto a los hombres dentro del trabajo para poder ascender porque te ´embarazaste porque sos vaga, te querías tomar una licencia´. Esa situación existe en los lugares de trabajo. Es por eso que (el anuncio) reconoce que las mujeres son víctimas del aborto, en el sentido de que esta sociedad impulsa a las mujeres a tener que abortar muchas veces.

Entonces, el rol de la Iglesia ahora se está profundizando bajo estos anuncios, que lejos de implicar una apertura o una revolución cultural, como lo quiere presentar el Papa, en realidad son políticas de contención a una lucha que está en ascenso.

Por ejemplo, está el caso de Belén, en Tucumán, cuya abogada es de ´Católicas Por el Derecho a Decidir´. Si bien el caso de Belén no es el caso de una mujer que abortó clandestinamente, sino que es el caso legal de la mujer que tiene un aborto espontáneo, fue criminalizada para sentar un precedente de violencia, de miedo, para justamente evitar la práctica del aborto no punible. Ahora, recientemente, hemos visto en la provincia de Buenos Aires, cómo (la gobernadora María Eugenia) Vidal directamente entregó la práctica del aborto no punible al Opus Dei, es decir a las exigencias de los sectores más conservadores para que no sea una política pública.

[…] Más allá de que siempre hay una resistencia, una vanguardia de mujeres,  lo importante que mostró la lucha por Belén fue este frente único de las tucumanas por la libertad para Belén, que se extendió a todo el país y que empezó a difundirse y empezó a lograr muchas adhesiones, más allá de las de organizaciones internacionales como Amnistía. Empezó a tomar mucha adhesión en el común de la gente […]

Entonces, ese tipo de expresiones y de ascensos y avances viene a ser contenido y frenado por el Vaticano con este tipo de medidas. En definitiva, (este anuncio) es accesorio porque no modifica nada la legislación punitivista que tenemos en Argentina sobre el punto. Pero al mismo tiempo es accesorio de una política más general: el clero, el Vaticano, ha llevado adelante un arbitraje fuertísimo sobre la crisis social que estamos teniendo. Ordena a la burocracia de la CGT, a movimientos sociales como Barrios de Pie, la CTEP, el Movimiento Evita, por ejemplo. Son mujeres (en referencia a las mujeres de estos movimientos) que se llenan la boca hablando de machismo y patriarcado, y terminan haciendo un frente con la Iglesia, con el Vaticano, para contener un latente estallido social frente al cuadro de miseria que se está agravando en nuestro país, donde la mujer pasa las peores.

—¿Qué es lo que define al Partido Obrero y al Frente de Izquierda?

—La lucha de clases, la pertenencia a la clase trabajadora y la perspectiva de poder, es decir, de gobierno de los trabajadores. Eso es fundamental en el Partido Obrero y se lo imprimió al Frente de Izquierda.

Del agotamiento de un gobierno que se autodenominaba nacional y popular, que llevó adelante una línea y una política de cooptación de los movimientos sociales muy fuertes; […] lo que caracteriza al PO es la lucha de clases, la independencia política que está orientada y la garantía de ese método, que es la perspectiva de un gobierno de los trabajadores.

Y el acto de Atlanta fue un logro político porque, en estos tiempos, ese gobierno que se autodenominaba nacional y popular se agotó, y vino este gobierno de Cambiemos, de Macri, con una alianza, una “coalición a la carta” […] con todos los partidos que conforman esta coalición del ajuste […].

Ha sido un logro político porque es muy fuerte la presión para hacer un frente anti-macrista. Y el FIT, pronto a cumplirse un año de la gestión de Macri, no había tenido esa expresión política de un acto público, de llenar una cancha antes. Lo venimos a tener recién como primera instancia incluso de Frente único.

No tuvimos un acto del 1° de mayo unificado porque nos dividía la posición que tomamos con respecto a la crisis de Brasil y sobre desde qué lugar teníamos que posicionarnos: si detrás de Dilma Rouseff contra Temer, o si teníamos que posicionarnos de manera independiente a los dos y potenciar las movilizaciones callejeras de cuestionamiento a toda la crisis del sistema político de Brasil — que esa fue la posición que tomó el PO —.

También está la crítica que marcó muy bien (el diputado) Néstor Pitrola en su discurso: el FIT conquista bancas, tiene un principio que es de rotación y de gestión colectiva de las bancas principalmente, pero esa gestión no ha estado presente ni desde que ganamos las primeras bancas en 2013.

Entonces, haber logrado este acto político y nuestra propuesta de que el año que viene tengamos que arrancarlo entre marzo/ abril en una cancha más grande, es darle un dinamismo al FIT que no ha tenido. Por debilidades en caracterizaciones políticas ante esta lucha del frente anti-macri y del Volveremos, cierta izquierda va detrás de eso tanto a nivel nacional como internacional, y nos debilita.

[…] Nuestro mayor crecimiento fue justamente bajo un gobierno que se autodenominaba nacional y popular. Nosotros crecimos sobre la base de marcar la independencia política y las limitaciones que tenían todos sus planteos. Entonces ahora tenemos muchos más desafíos porque eso se agotó. Hay que producir un balance en la militancia de ese sector. El balance donde hay que profundizarla es en el conjunto de la clase obrera.

—¿Cuál es el balance de tu año como diputada?

—Ahora, en diciembre, voy a cumplir un año como diputada. Desde lo político, realmente ha sido muy interesante. Desde lo político y personal, que es lo mismo. Ha sido muy intenso porque tengo 30 años y antes no fui ni concejal ni diputada provincial. En2013, cuando ganamos esta banca con Del Caño — éramos la fórmula Del Caño-Sosa —, él ingresa los dos primeros años y no tuvimos esta gestión colectiva de las bancas como para poder tener un poco más de experiencia.

De todos modos, eso no es tan importante. Lo más importante ha sido el desafío de llevar adelante nuestra política de defensa de los trabajadores desde una banca, en un Congreso que es totalmente hostil a los trabajadores. Es intenso desde ese punto de vista. Damos una batalla política para posicionarnos sobre cada posicionamiento del gobierno o de la oposición patronal, y al mismo tiempo para llevar ahí las luchas de los trabajadores, y desde nuestra banca construir, hacer un aporte a la construcción política de los trabajadores.

Ha sido una experiencia muy linda, de crecimiento personal y político muy grande. En un año, hemos podido desenvolver campañas interesantes desde mi banca con respecto al cannabis (en referencia al proyecto de legalización de cannabis medicinal), que fue importante y continúa porque es muy limitado, es insuficiente. Es una política de cooptación que lleva adelante el gobierno de Macri.

Después, con respecto a campañas como remover a Dindart de la Comisión de mujeres. Esa estuvo muy buena porque demostró el método que tenemos nosotros de independencia política y de estar siempre ligados a las luchas callejeras y a los movimientos y a los intereses de las mujeres trabajadoras. Las mismas mujeres radicales, que fueron las primeras en impulsar la paridad de género, en su momento no fueron capaces de cuestionar siquiera la presidencia de la Comisión de mujer y familia de Julián Dindart, este diputado de Corrientes que es totalmente contrario a cualquier tipo de demanda de la mujer. Entonces, pude palpar acá adentro la consecuencia que tenemos porque, mientras nosotros hacíamos la denuncia, la difundimos, juntamos firmas, hicimos campaña, fui a Corrientes a denunciarlo. Las mujeres de su partido después tuvieron que discutirlo dentro de su partido, terminó renunciando y se fue de la comisión. Y ahora tenemos de Presidenta (de la Comisión) a una mujer que es de su mismo partido y no modifica las cosas para nada, porque ella dice estar a favor del aborto legal pero no ha firmado ni el proyecto ni tampoco garantizado que ese debate se dé en la Comisión. Aparte que son parte del gobierno del ajuste y las leyes que sacan son de demagogia, de intentar cooptar a movimientos, como con la Ley de protección de víctimas, que no establece ningún tipo de presupuesto. El presupuesto para 2017 es 12 veces menor al plan nacional que anunció Macri con (la titular del Consejo Nacional de las Mujeres) Fabiana Tuñez, en junio de este año, de 750 millones de pesos para las 36 casas refugio, que no sabemos por qué 36. Hemos hecho pedidos de informe y todo está cajoneado. Esa campaña (contra Dindart) fue importante porque pude constatar acá adentro nuestro método y la ganamos: el tipo se fue. Es una herramienta, un aporte, una colaboración.

Y después, la campaña por Belén también fue buena porque desde la banca y desde mi condición como diputada, tenés un amplificador de las luchas, lográs amplificarlas. Entonces jugamos un rol interesante. Presentamos un amicus curiae, ante los medios difundimos bastante. Fue vital el rol de los medios alternativos en la difusión de Belén. Hicimos ese video que se hizo tan viral con personas del arte y la cultura.

Fue importante también lo que hizo Dolores Fonzi. Me acuerdo que yo le conté por Twitter sobre el caso de Belén, y por cuestiones de trabajo no pudo participar del video pero le dedicó su premio a la libertad de Belén. Y tuvo una repercusión incluso internacional en España, en México, en Chile, en Uruguay.

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Como balance ha sido un año intenso porque al mismo tiempo las condiciones de vida son cada vez más difíciles para nuestra clase y entonces requiere que nosotros demos todo desde el punto de vista individual y desde el punto de vista de la organización […]: movilizaciones nacionales, Encuentros Nacionales de la Mujer, Congresos de la juventud, Atlanta, la Coordinadora Sindical Clasista, esta conferencia del clasismo combativo, de los luchadores de los sindicatos contra la burocracia, contra los patronales. También fue otra instancia importante la Marcha Federal que hicimos convocando a todo ese sindicalismo combativo a la Plaza de Mayo de manera independiente y diferenciada de las burocracias de la CGT y la CTA.

En la movilización de la mujer, en las calles, se esconde ese “aspecto transformador” que menciona Soledad Sosa. No solo porque destapa las bases de un régimen político que se asienta sobre la desigualdad, violencia y opresión. Sino también, porque manifiesta su carácter histórico y su inevitable descomposición. Revela que existe, en oposición, una alternativa. En la lucha contra la violencia hacia la mujer se esconde en potencia una revolución.


Martina Nudelman (@funesvera) nació en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada y Profesora en enseñanza media y superior de Letras con Orientación en Lingüística de la Universidad de Buenos Aires. Estudia el Profesorado de Italiano en el Instituto Superior Joaquín V. González. Participó en 2012 de un Ubacyt (Ciencia y Tecnología): Multimodalidad y estrategias discursivas: el caso de las redes sociales (Facebook y Twitter). En 2013 presentó “Facebook: el libro de la imagen” en las II Jornadas de Jóvenes Lingüistas y, en 2016, “Dante, lector de Virgilio” en el I Congreso Argentino de Estudios Dantescos y en las Jornadas Interdepartamentales del ISP “Dr. Joaquín V. González”. Actualmente trabaja como docente de italiano, latín, lengua y literatura, matemática e historia.

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