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El poeta Heberto Padilla Destacados / Ensayos

La revolución cubana, victoriosa en enero de 1959, fue recibida con febril entusiasmo por la intelectualidad de izquierda, en particular por el llamado boom latinoamericano, con un compromiso de carácter antiimperialista.

En esa sintonía, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, junto a los argentinos Rodolfo Walsh y Jorge Masetti, fueron fundadores de la agencia de noticias Prensa Latina. Los intelectuales franceses Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, saludando la revolución, visitaron al nuevo mando en Cuba en 1960. Sartre, tras el asesinato del Che, diría: “Fue el ser humano más completo de nuestra época”.

Sin embargo, hubo un punto de quiebre de la intelectualidad respecto a la revolución. Fue en 1971, cuando el gobierno cubano, en su creciente burocratización, encarceló al poeta Heberto Padilla (ver foto principal).

Padilla, que había apoyado los inicios del Estado obrero naciente cubano, escribió en 1968 un poemario, titulado Fuera del juego, que era crítico del rumbo adoptado por la revolución. Así se lee en el poema “Poética”: “Di la verdad. / Di, al menos, tu verdad. / Y después, / deja que cualquier cosa ocurra: / que te rompan la página querida, / que te tumben a pedradas la puerta, / que la gente / se amontone delante de tu cuerpo / como si fueras / un prodigio o un muerto”.

Tras ser liberado, Padilla fue sometido a una confesión pública de corte estalinista. Fidel desenvolvía, así, aquella célebre sentencia que había dicho diez años antes, en la Biblioteca Nacional cubana, en 1961: “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, ningún derecho”.

La posición de los intelectuales se dividió frente al caso Padilla. García Márquez adoptó una defensa de Castro al negarse a firmar una carta de intelectuales en protesta por esa detención. Tampoco firmó una segunda carta Julio Cortázar (lo había hecho con la primera), otro de los reivindicadores de la revolución. Sí firmaron María Vargas Llosa, Sartre y Beauvoir (Prensa Obrera, 24/04/14).

Así sostenía la carta del 20 de mayo de 1971: “Con la misma vehemencia con que hemos defendido desde el primer día de la Revolución cubana, que nos parecía ejemplar en su respeto al ser humano y en su lucha por la liberación, lo exhortamos a evitar a Cuba el oscurantismo dogmático, la xenofobia cultural y el sistema represivo que impuso el estalinismo en los países socialistas” (fragmento extraído de Sables y utopías de Mario Vargas Llosa). Al mismo tiempo que se libraba ese caso, el escritor Guillermo Cabrera Infante ya se había exiliado en Inglaterra, y los escritores homosexuales eran represaliados en Cuba.

Gabriel García Márquez, por su parte, tuvo una íntima amistad con Fidel Castro: Gabo intercedió para sacar escritores cubanos de la isla, como hizo con el propio Padilla en 1980. Pero también fue víctima del estalinismo: Rogelio García Lupo, compañero suyo en Prensa Latina, reveló en una entrevista en  2014 que el trabajo periodístico del autor de Cien años de Soledad fue destruido de la agencia “bajo sospecha ideológica”.

En los últimos años, la censura de la burocracia cubana se mantuvo: el 30 de diciembre de 2014, el gobierno cubano detuvo a Tania Bruguera, una reconocida artista vanguardista cubana. La propuesta artística era colocar ese día un micrófono abierto en la Plaza de la Revolución de La Habana para que los ciudadanos expresaran sus opiniones sobre el futuro de Cuba en el marco del anuncio del restablecimiento de relaciones con EE.UU. La performance censurada llevaba el nombre de “El susurro de Tatlin #6″.

El caso Padilla evidenció dos reacciones entre los intelectuales. Por un lado, aquellos que reivindicaron la revolución y ampararon al mismo tiempo su burocratización. Por otro, aquellos que, si bien no dejaron de defender en ese momento los principios revolucionarios en Cuba, resolvieron sus críticas en la derecha más reaccionaria, como fue el caso de Vargas Llosa y el propio Padilla.

El arte no debe estar regimentado por la revolución. Son la revolución y el Gobierno obrero los que deben ser garantes de que los artistas, como trabajadores de la cultura, tengan las condiciones materiales para producir su obra en libertad de creación y pensamiento.

Con la colaboración de Martina Nudelman


Daniel Mecca (@dmecca1) es un periodista, poeta y docente nacido en Buenos Aires, Argentina. Egresó en TEA. Se desempeña actualmente como redactor en Clarín.com. Fue redactor en el "Diario Muy" y en la agencia de noticias “Política&Medios”. Colaboró en el diario “Perfil”, en la revista “Mavirock” y en la revista “Ñ”, entre otros medios. Es autor de los libros de poesía “Ahorcados en la felicidad” (2009) y “Lírico” (2014) . Cursó estudios de ingeniería en la UTN y la maestría en Crítica y Difusión de las Artes en el IUNA. Dio clases de periodismo en la UBA y en el IUNA. Fue nominado a los Premios Estímulo TEA 2011.

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