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Crédito: www.diariodecultura.com.ar Ensayos

Durante una conferencia en TEA Arte (una de las más reconocidas escuelas de periodismo de Argentina), el cantante Gustavo Cordera se refirió a la sexualidad adolescente y a la violencia sexual  avalando ambas como parte del deseo propio y “natural” de las personas.

Desde “esa conchita caliente de una piba de 16 años” hasta la aseveración de que una mujer histérica solo logra el placer a través de una violación, Cordera se despacha en palabras con razonamientos misóginos y machistas predominantes en un buen sector de la sociedad.

 

La “naturalidad”

 

En el reino animal solo dos especies ejercen violencia sexual entre su género. El ser humano y los homínidos más cercanos genéticamente. Las hordas de monos (chimpancés, babuinos o macacos) donde solo un macho alfa sirve a todo su harén de hembras cuando ingresan en su etapa de celo, estas hembras y sus crías son víctimas de abusos de otros machos de su propia tribu, impedidos de acceder a hembra alguna. Si el macho alfa los sorprende en su violación, toma venganza con el mismo método. Ejerce sobre el violador la misma violencia sexual castigada por la tribu, y es expulsado de ella.

Cordera, sin embargo, no habla de monitos. Habla de adolescentes, a las que considera monitos para satisfacer las necesidades de otro.

Los niños son profundamente sexuales, sí, por naturaleza. Y son los adultos quienes deben cuidar y resguardar ese crecimiento sexual de los niños hasta la edad madura, cuando tendrán las herramientas que les permitan ejercer su derecho a la sexualidad.

 

Violación a demanda

 

Cordera, del que no conocemos títulos que lo habiliten como psicólogo o estudioso de la psiquis, arguye que hay “mujeres histéricas que necesitan ser violadas para tener sexo” en un país donde una mujer es asesinada cada 30 horas y las denuncias de violencia sexual no tienen ni estadística oficial que nos permita un parámetro. Sí hay estadísticas que indican que el 21 por ciento del total de las mujeres que sufrieron violaciones o abusos en su primera infancia se han suicidado en el trascurso de su adolescencia (Mapa de la violencia de género en Argentina; Alejandra Otamendi, Diego Ortiz de Rozas)

La “histeria femenina” fue una enfermedad muy común en la época victoriana, cuando a las mujeres que padecían desde insomnio hasta espasmos se las diagnosticaba como histéricas y se les recetaban “masajes” en la zona de la pelvis. Es decir, un profesional colocaba una sábana sobre el torso y la cabeza de la mujer,  diseccionando a su sexo del ser completo. Hace 200 años esa práctica masturbatoria era avalada por todo el arco científico. Luego de Freud y el psicoanálisis, la histeria fue descartada como enfermedad femenina. Aunque a fuerza de honestidad debemos asegurar que la práctica de diseccionar a la mujer de su sexo continúa con completa salud en cada consultorio ginecológico.

Es decir, Cordera se ampara en la era victoriana para justificar la violencia sexual ejercida contra la voluntad de aquella que la padece. Si solamente atrasara 200 años en sus dichos, si Cordera fuera el único “pensador” que se esfuerza por sostener una aberración histórica, estaríamos ante un problema menor; pero el Código Civil argentino contempla al sexo en el matrimonio como parte del “débito conyugal” y, por lo tanto, no es válida la denuncia de violación para con el cónyuge salvo que se trate de una relación contra natura, un concepto extraído de los catecismos clericales sobre la función del sexo y de la mujer reproductora . Únicamente, y esto en tiempos recientes, pueden discutirse las condiciones en las que debe ser ejercido ese deber; por ejemplo si hubo violencia, pero en todos los casos la resolución quedará en manos de jueces por lo general reaccionarios. Por lo demás ¿puede entenderse una relación sexual como un “deber”?

Las Cincuenta sombras de Grey colocaron durante meses en las librerías y en los cines la potente idea de que la mujer desea a través del dolor, del sometimiento. Demanda la penetración masculina desde la flagelación de su sexo. Tanto la industria editorial, cinematográfica o televisiva, ocultan bajo el suave velo de la sexualidad humana, su complicidad con los abusadores.

Woody Allen, Marlon Brando, Roman Polansky, fueron denunciados décadas (¡décadas!) más tarde como abusadores. La bandera de la libertad sexual en un mundo de posibilidades oprimidas solo ha sido funcional a la impunidad, nunca a la verdadera liberación sexual  femenina.

 

La “cultura del rock” o la “cultura del abuso”

 

Aquello que conocemos como la “cultura del rock” ampara el abuso bajo la cosificación de la mujer colocándola en el lugar de la “groupie” que realiza favores sexuales. Charly García, Pappo, Juanse, solo por nombrar algunos de los más reconocidos cantantes de rock, han recibido denuncias por abusos e intentos de violación. Durante más de 30 años, las “musas” fueron premiadas con violencia sexual ejercida individualmente o en grupo, como parte del “cumplido” que implica acceder a los camarines.  Tomar contacto con el artista, en su condición chamánica y separada de la sociedad, se paga con sexo con la misma naturalidad con la que opina Cordera.

Cómo extrañarnos de esta degradación de los derechos de la mujer en una sociedad donde el Estado es el primer misógino que condena a prisión, en Tucumán, a una muchacha que se acercó a un hospital público con un aborto en curso; cuando la policía expulsa a las mujeres que dan de mamar a sus hijos en una plaza, cuando esa asociación ilícita de pedófilos que es la Iglesia consuma con su poder el punto máximo del machismo y la misoginia.

Los muchachos del rock, del tango o la chacarera, replican con sus hechos la violencia de un Estado que nos condena a la muerte si decidimos sobre nuestra capacidad procreativa.

La “cultura del abuso” es la prueba fatal de una sociedad que nos mira como objetos, y no como sujetos. Como portadoras de exuberancias que deben ser ocultas para no provocar deseo. Como poseedoras del misterio de un sexo interno, sin exposiciones, al que hay que ingresar a como dé lugar.

Allí, donde los dedos del Estado resuelven sobre nuestras entrañas, Cordera abusa de su poco intelecto para poner en palabras el pensamiento de un sistema opresor que se juega mucho más que una entrevista en una escuela de periodismo.


Comentarios

  1. Romina Pellegrini dice: agosto 11, 2016 at 4:47 pm

    Excelente

  2. Emiliano campos dice: agosto 11, 2016 at 11:05 pm

    IGUALMENTE , en todo caso ,lo que valdrìa la pena decir en este caso , es de todas formas un entreacto de todo aquello manifiesto en la cultursa de masas si no mas bien consecuencia de lo que pudo haber sido si de todos modos se regulara la sensaciòn de totalitud que representa un pensamiento genuino ,habrà que ver si todo esto se traduce en un coro de nuevas sendas consumibles de importancia etèrea . Ya me veràs otra vez en la azotea, donde donde es dolor, significancia y verdad.

  3. Marìa Elena Molina dice: agosto 12, 2016 at 8:48 am

    muy bueno el artículo, nos sirve para trabajarlo en las asambleas y en las escuelas

  4. jime pergamino. dice: agosto 13, 2016 at 3:32 pm

    Sos una genia !!!

  5. Cada día mejor María Negro, esto debiera ir a la Prensa Obrera. Sin desmerecer a la revista El Otro, claro.

  6. Araceli Verónica Gómez dice: agosto 28, 2016 at 10:55 pm

    Qué buen texto. Gracias.

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